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No existe alguna mujer que pueda negar la elegancia que emanan las perlas, y son muchos los diseñadores que las han incluido en sus pasarelas.

Por eso, hoy te diremos todo lo que debes saber de este verdadero ícono de la moda.

La perla es una gema de origen orgánico que producen algunas especies de moluscos. Puede ser blanca o negra, verdadera o falsa, redonda o en forma de gota, pero siempre dan un look majestuoso a quien las porta.

“Las perlas dan brillo y un cierto refinamiento, incluso si se trata de una mujer desarreglada”, declaró alguna vez Manolo Blahnik.

Pero aunque las mujeres llevaban siglos usándolas en su vestuario, fue Coco Chanel quien impuso la moda de usar este tesoro marino como un fundamental accesorio femenino en los sofisticados años 20. Ella decía que las mujeres debían tener collares de perlas que dieran vueltas y vueltas, sin importar si eran verdaderas o falsas.

De acuerdo a Coco, lo realmente importante era el efecto chic que aportaban al aspecto de las señoritas de la época.

Más tarde, sería Christian Dior quién reconocería su valor: “Con un suéter negro y un collar de perlas de diez vueltas, Chanel revolucionó la moda”.

Lo cierto es que la historia de las perlas no comenzó con la maison Chanel, sino que es bastante extensa.

Hasta donde se sabe, las mujeres de la antigua China agregaban perlas molidas en el té para tener una piel suave y lisa. El mismo objetivo persiguió a Cleopatra, quien no dudó en disolver una perla en vino para luego beberla. En opinión de los expertos joyeros, este cóctel de la reina del Nilo valía el equivalente a 8,000 libras romanas de oro. Un valor astronómico en tratamientos anti-edad.

Otros devotos de esta gema fueron los romanos, asociándola con el nacimiento de Venus, quien, según la mitología, había salido del agua y las gotas se convirtieron en maravillosas perlas.

Hablando de perlas, no podemos olvidar al japonés Korichi Mikimoto, quién las “popularizó”. Anteriormente era muy difícil conseguir las perlas, y más que fueran del mismo tamaño, sólo una de cada diez mil ostras producen una perla para emplear en joyería.

Así que en 1890, Mikimoto tuvo una idea revolucionaria: cultivar perlas. Perlas verdaderas, aunque fue hasta 1930 que la alta sociedad aceptó que no eran falsificaciones.

En la actualidad, sólo el 0.5% de las perlas que circulan son naturales, pero casi no llegan al mercado porque son adquiridas por los coleccionistas.

Y si bien Australia, Taiwán y China son también importantes productores, los cultivadores japoneses controlan la industria de las perlas.

Ya en nuestros tiempos, otras adoradoras de estas hermosas gemas fueron la duquesa de Windsor, Grace Kelly, Joan Crawford, Audrey Hepburn y Jacqueline Kennedy. Todas dependían de sus joyas perladas y hasta hoy son íconos de elegancia.

Las grandes favoritas por mucho son las de color blanco, pero pueden ser coloradas, rosas, amarillas y negras.

A diferencia de los diamantes, las esmeraldas o los zafiros, la perla no necesita ser pulida ni tallada para lucir imponente. Es bella y perfecta por naturaleza, lo que la hace la favorita del diseño de joyas y del alhajero de toda mujer que quiera ser chic y elegante.