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El único burdel municipal gestionado por prostitutas holandesas, que se inauguró hace menos de un año en Ámsterdam, está al borde de la quiebra por las estrictas regulaciones del ayuntamiento que dificultan el alquiler de los escaparates.

zona roja amsterdam 2

El burdel enfrenta dificultades financieras porque las reglas municipales aplicadas a quienes quieren alquilar las habitaciones son “inviables”, al igual que las evaluaciones que se exigen a las trabajadoras sexuales que quieran regentar estos escaparates.

La directora de la organización, Justine le Clercq, denunció que este burdel municipal “está siendo más vigilado” que el resto de la Zona Roja y lamentó que My Red Light “está en el punto de mira” del ayuntamiento de la ciudad.

Cuatro de cada ocho prostitutas que querían trabajar en este espacio no han logrado superar las investigaciones policiales porque tenían algún tipo de antecedente penal, condición necesaria e impuesta por el municipio.

En una denuncia publicada en sus redes sociales, se asegura que los requisitos de selección de las prostitutas “no permiten contratarlas con inmediatez”, ya que el proceso toma tiempo, y las normas “son más estrictas que las que se aplican para la selección de un concejal municipal”, añadió.

Este sitio también tiene problemas para ofrecer espacio a las prostitutas que usan las redes sociales u otras vías en internet para atraer clientes, una cuestión que también prohíben las reglamentaciones del ayuntamiento y que han afectado a cientos de mujeres.

La idea de My Red Light fue del político Eberhard van der Laan, alcalde de Ámsterdam fallecido el año pasado. Su intención era alentar a las personas que ejercen el trabajo sexual a hacerse cargo de su propio negocio y garantizar así que su salud, su seguridad y la de sus clientes tenga la máxima prioridad, además de cooperar en la prevención del abuso y el tráfico humano en la industria de la prostitución.