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En muchos países los trabajadores aprovechan la hora del almuerzo para correr, ir al gimnasio o a la piscina. En Suecia algunas empresas decidieron ir mucho más allá y convertir la actividad deportiva en una obligación laboral.

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La empresa de distribución de agua Kalmar Vatten y la marca de ropa Björn Borg, creada por la exestrella del tenis sueco, impusieron esta regla y desde hace dos años, la hora de entrenamiento semanal es obligatoria. Si uno no quiere hacer deporte e integrarse en la cultura de la empresa, se marcha.

Los objetivos son claros: productividad, rentabilidad y convivialidad. En 2014, un estudio de la Universidad de Estocolmo demostró que practicar una actividad física durante la jornada laboral tenía ventajas para el empleado y el empleador, que consigue una reducción del 22 por ciento del absentismo laboral, un dato destacable en un país donde las bajas por enfermedad son dos veces superiores a la media europea.

Los suecos se enorgullecen de ser el pueblo más deportista de Europa. Según el Eurobarómetro, en 2014, el 70 por ciento de ellos hacía deporte una vez por semana, y el 51 por ciento, entre dos y tres veces semanales.

Desde finales de los 80, la mayoría de las empresas subvencionan las actividades deportivas de sus empleados hasta 500 euros anuales, exonerados de impuestos. Algunas organizan también clases de deporte durante las horas de trabajo. Además, la hora de deporte obligatoria, que se hace casi siempre en grupo, estrecha la relación entre los distintos servicios y permite atenuar las relaciones jerárquicas.