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Este pasado 14 de febrero, las japonesas se han cansado de regalar chocolate a sus compañeros de trabajo, una práctica casi obligatoria en el país asiático impuesta por las marcas de bombones que muchas féminas consideran costosa y discriminatoria; así que decidieron emanciparse.

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A diferencia de otros países, donde son los enamorados los que intercambian regalos el 14 de febrero, este día tiene una connotación muy distinta en Japón, donde la tradición indica que las empleadas niponas deben comprar chocolates para todos sus superiores y colegas hombres.

A los japoneses les cuesta romper con las tradiciones, pero esta práctica que se puso de moda en los años 60 por un anuncio de la marca de dulces Morinaga empieza a resentirse y el no al giri-choco o “chocolate de compromiso u obligatorio” se convirtió en un tema viral.

Según una encuesta de la empresa de empleo Shuffu JOB, un 70 por ciento de las japonesas considera esta tradición como una carga, mientras que sólo un 15 por ciento ve apropiado entregar chocolates en el entorno laboral y más del doble de esta cifra, se declara abiertamente en contra.

La polémica sobre el giri-choco se ha disparado gracias al famoso fabricante de chocolate de lujo Godiva, que animaba en un anuncio publicado en un diario japonés a poner fin a esta práctica, a pesar de las importantes consecuencias económicas que esto supone.

Los precios desorbitados del chocolate de calidad en Japón, el sentimiento de compromiso hacia los compañeros o el temor de que esta “inversión” no sea recíproca son algunos de los motivos por los que muchas japonesas defienden, incluso, la prohibición de esta práctica en las empresas.

La polémica se produce en un momento en que muchos creen que los hábitos laborales en Japón deben cambiar, sobre todo en relación al papel de la mujer, relegada a servir el café a sus compañeros, a los empleos peor pagados y sin acceso a puestos directivos.