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La falta de sueño, el estrés y hasta la zona donde habita la persona también pueden influir en el peso del individuo, no sólo la inactividad física o los malos hábitos alimenticios, sostuvo la directora del Programa para la Prevención de Obesidad y Afecciones Cardiovasculares del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, Sonia Arteaga.

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Una persona que vive en una situación económica difícil y reside en zonas peligrosas evita exponerse a las amenazas reduciendo su estancia en el exterior, esto tiene un impacto en el nivel de actividad física que desempeña diariamente, señaló la especialista.

Además, resaltó, es más viable que este individuo consuma alimentos chatarra, porque son de fácil acceso y más baratos, lo que afecta su estilo de vida y trae como consecuencia un posible aumento de tallas.

La población en general, dijo, tiene menos actividad física por el hecho de pasar más tiempo frente a las pantallas en lugar de practicar algún deporte, participar en juegos o hacer ejercicio de cualquier tipo; opta por alimentarse con comida rápida y de fácil preparación en lugar de basarse en los nutrientes que éstos le proporcionan a su cuerpo.

Refirió que en Estados Unidos y el mundo se realizan estudios, a través de diferentes organizaciones como el Instituto Nacional de la Salud, (NIH por sus siglas en inglés), para detectar las diferentes causas que provocan el sobrepeso y la obesidad y las posibles razones por las que han incrementado los casos en diferentes grupos de edades, étnicos y sociales.

Esos padecimientos son más complejos de lo que se piensa, pues a pesar de que se ha detectado que unos de los factores principales es el no hacer ejercicio y una alimentación inadecuada, la falta de sueño, el estrés y hasta el lugar donde viven las personas también influyen en el peso del individuo.

México ocupa el primer lugar en obesidad infantil y el segundo en adultos, precedido por Estados Unidos, por lo que quienes tienen este padecimiento viven en constante riesgo de desarrollar una variedad de enfermedades crónicas, degenerativas y mortales.

De acuerdo con cifras de la Organización Mundial de Salud (OMS), los casos de obesidad se han triplicado desde 1975 en todo el mundo. En 2016, más de 1900 millones de adultos de 18 años o más tenían sobrepeso, de los cuales, más de 650 millones eran obesos.

En el mismo año, el 39 por ciento de las personas adultas de 18 o más años tenían sobrepeso, y el 13 por ciento eran obesas; 41 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso o eran obesos.

También en 2016 había más de 340 millones de niños y adolescentes (de 5 a 19 años) con sobrepeso u obesidad.

Esta afección incrementa la probabilidad de desarrollar otras enfermedades como la diabetes, problemas cardiovasculares, algunos tipos de cáncer, apnea del sueño, osteoartritis, dolor en la espalda, problemas de riñón, depresión, ansiedad, estrés, entre otros.

Ante la gravedad de la situación, es recomendable realizar revisiones constantes de la salud, y si se padece de sobrepeso es necesario tomar medidas preventivas para evitar la obesidad.

La mayoría de los casos pueden ser tratados, a través de una dieta y actividad física, sin embargo si la persona se encuentra en la categoría tres de obesidad, muy probablemente la solución para bajar de tallas seria una cirugía.

Cualquiera que sea la situación, siempre es mejor acudir con un especialista, ya que una cirugía no recomendable o una dieta no balanceada podría tener efectos muy graves para el paciente.

(ntx)