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San Miguel de Allende es una ciudad que tiene la particularidad de atraer a creadores de muchas partes del mundo, así como gente interesada en la cultura.

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En este contexto, como es de muchos conocido, el Centro Cultural Ignacio Ramírez  “El Nigromante” del Instituto Nacional de Bellas Artes es y ha sido uno de los espacios fundamentales en el quehacer cultural y artístico de la región, además de ser una institución reconocida por su amplia contribución a la formación de varias generaciones de artistas en diversas ramas de las artes.

El edificio se empezó a construir como espacio religioso en 1755, por el arquitecto Francisco Martínez Gudiño, y fue inaugurado incompleto en 1765, siendo su fundadora Sor María Josefa Lina de la Canal y Hervás.

Este convento estuvo en funciones hasta la época de la Reforma, posteriormente fue utilizado para diversos fines. Fue hasta 1938, por gestoría de Felipe Cossío del Pomar, que la Secretaría de Bienes Nacionales, cedió la propiedad a la Escuela Universitaria de Bellas Artes.

En 1937 arribó a la ciudad de San Miguel de Allende el pintor y crítico de arte Felipe Cossío del Pomar, quien convenció al entonces presidente de la República, Lázaro Cárdenas, de la utilidad de su rehabilitación como una Escuela de Bellas Artes.

En 1968 surge en manos del Instituto Nacional de Bellas Artes como el Centro Cultural Ignacio Ramírez “El Nigromante”, nombre y función que conserva hasta la actualidad.

A lo largo de sus episodios, han dejado huella artistas de talla universal, el recinto guarda murales como los de David Alfaro Siqueiros, Pedro Martínez, Eleanor Cohen, además de la realización de festivales de Música de Cámara, talleres de artes plásticas, cerámica, teatro, danza, escultura, piano, guitarra, exposiciones periódicas y eventos de vanguardia, que hacen del monumento un extraordinario goce estético.