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Chihuahua es el estado más grande de México. Su belleza natural se compone de un cálido desierto y de hermosas cascadas, cañones, grutas y deslumbrantes bosques. Uno de los lugares que no se debe dejar de visitar es el Cañón de Peguis.

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El imponente cañón está ubicado poco antes de Ojinaga, una zona con poca y cuenta con paredes de caliza de hasta 200 metros de altura; algunas de ellas teniendo base en el río Conchos, otras con repisas para su ascenso.

El lugar aparte de contar con paredes enormes para ruta, cuenta también con una gran extensión de boulders a lo largo de todo el cañón. Hay que tomar una canoa, para poder escalar en ellos.

La mejor temporada para el Cañón del Peguis es entre abril hasta octubre, se podría decir que las tres temporadas a excepción de invierno, por las bajas temperaturas.

Al igual que su “hermano mayor”, el Cañón de Santa Elena, cuenta entre sus paredes algunas pinturas rupestres, lo que indica la presencia del hombre desde hace muchísimo tiempo atrás.

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El paso del agua ha formado poco a poco, en algunas partes, pequeñas cuevas talladas que con la corriente han venido creando figuras y formaciones de grutas.

Es poca la gente que se aventura a cruzar en balsa el cañón, haciéndolo un lugar limpio, único, alejado de toda imaginable posibilidad de escenario del ser humano.

Además de su gran majestuosidad e imponencia, el Peguis ofrece un escenario único y mitológico, digno escenario de leyendas. Desde el mirador, se puede observar una gran sección de éste, y a nivel piso el atractivo es mucho mayor, con paredones de hasta 300 metros de alto y formaciones de roca gigantescas.