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Tlacotalpan es un hermoso lugar a orillas del río Papaloapan. En su arquitectura predominan los arcos, colores abundantes y techos de teja roja; además, este poblado cuenta con dos templos extraordinarios, que si bien guardan semejanza en la blancura de sus fachadas, sus decoraciones interiores son totalmente distintas, se trata de los dedicados a San Cristóbal y a la Candelaria.

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La Iglesia de San Cristóbal fue construida precisamente en honor a San Cristóbal, patrono del lugar. Fue una de las últimas obras realizadas bajo la administración virreinal y su construcción duro más de 40 años hasta que por iniciativa de Miguel Zacarías Chazaro, se reinició en 1849, construyéndose bajo el estilo neoclásico.

Durante mucho tiempo funcionó como escenario de coloquios y zarzuelas, hasta que Porfirio Díaz, a petición de los ciudadanos, ordenó la construcción del teatro Netzahualcóyotl para liberar este lugar de aquellos eventos y el recinto fue dedicado nuevamente al culto católico.

Tiene en su interior un retablo principal labrado en madera, junto con un lienzo de la Virgen de Guadalupe al centro, el cual es muy antiguo y perteneció a una casa de retiro de frailes. Contiguo al altar, hay una capilla que muestra un retablo de madera con la imagen de Jesucristo, considerado el más importante de Tlacotalpan.

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Por su parte, el Santuario de la Virgen de la Candelaria data de 1779. Fue construido en sustitución de otro que fue destruido por un incendio en honor de Nuestra Señora de la Candelaria. Posteriormente fue inaugurado en las primeras décadas del siglo XIX.

Su planta arquitectónica es en forma de cruz con cúpula central y bóveda de medio punto fabricada en piedra de coral trasladada desde el puerto de Veracruz y constituye un testimonio único en Tlacotalpan.

Sobresalen las pinturas murales que cubren el interior del templo, incluso la bóveda y la cúpula, así como el retablo principal donde se encuentra la Virgen de la Candelaria, muy venerada por los feligreses.