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Uber ha sido una compañía muy controversial desde su fundación en 2009. No sólo introdujo un nuevo modelo de negocio a la economía (dar a la gente los medios para hacer dinero con sus propios recursos y cobrar una comisión a cambio); sino que también ayudó en gran parte a que los gobiernos e instituciones de todo el mundo pusieran sobre la mesa la necesidad de regular el impacto de las nuevas tecnologías.

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Hace unas horas, el emprendimiento salió en los titulares de todo el mundo; pero esta vez por una controversia radicalmente distinta. Travis Kalanick, fundador y CEO de la empresa de transporte, anunció su salida como líder de la corporación. La renuncia responde a la presión de los accionistas, preocupados por la avalancha de escándalos que rodearon a la firma y al director ejecutivo en los últimos meses.

La resolución del directivo fue dada a conocer en una carta dirigida a los principales inversores de Uber, donde Kalanick remarca: “Me encanta Uber más que nada en el mundo y en este momento difícil de mi vida personal he aceptado la solicitud de dar un paso a un lado para que la empresa pueda volver a la construcción, en lugar de distraerse con otra pelea”.

El directivo se refería a una serie de polémicas en las que se ha visto inmerso en los últimos meses. Recientemente el jefe de la empresa en la región Asia-Pacífico, Eric Alexander, se vio forzado a renunciar a su puesto por una controversia en 2014, cuando un conductor del servicio violó a una mujer pasajera. La controversia no sólo significó el puesto del jefe regional, sino también del vicepresidente Emil Michael.

Además de este evento, el negocio de Kalanick había recibido duras críticas por múltiples casos de acoso sexual y el dudoso manejo de un conflicto interno de Recursos Humanos que desembocó en el despido de 20 empleados. Los golpes a la empresa han sido de tal magnitud, que el pasado 20 de junio, la junta directiva anunció una campaña de renovación de imagen llamada “180 días de cambio”.

A pesar que Kalanick ya no sea el CEO, seguirá como miembro de la junta directiva, y esta última declaró en un comunicado que ahora se puede dar el “espacio para abrazar por completo un nuevo capítulo en la historia de Uber”. En un intento por recuperar su imagen de “empresa humana y con conciencia”, ya se ha implementado un sistema de propinas en las ciudades de Seattle, Houston y Minneapolis.