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Cuenta la historia que en épocas prehistóricas el territorio de Viesca estaba cubierto por el Mar de Thethys, el cual se secó con el paso del tiempo y generó las impactantes Dunas de Bilbao con sus blancas arenas.

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Las dunas son una muestra de que en el desierto también cuenta con maravillas naturales, tanto por sus montañas de arena, flora y fauna endémica. El ciclo de formación de las dunas es simple: el viento erosiona la roca, rompe las arenillas que vuelan por el terreno y se acumulan en dunas.

Los pobladores de Viesca cuentan una leyenda: aseguran que las Dunas de Bilbao se mueven porque debajo de ellas hay un pueblo habitado por gigantes, quienes al intentar desenterrarlo, mueven las montañas de un lado a otro. Lo real es que sólo es necesario caminar entre los montes para descubrir un cambio constante.

Frágiles e imponentes, las dunas se acoplan al cielo, al viento y al sol para ofrecer una experiencia majestuosa. Caminar por ellas en silencio es impresionante, se ve desfilar cerca de los caminos pautados una gran variedad de reptiles. Los primeros rayos del sol despiertan a la vida animal de la zona que sorprende con cantos y sonidos exóticos.

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A pesar del clima desértico, la fauna que habita ahí es variada. Con frecuencia se encuentran correcaminos, halcones, coyotes, víboras y culebras, animales representativos del desierto. Las Dunas de Bilbao es el único lugar en México donde vive la lagartija uma exsul, reconocida por sus colores brillantes que van del verde al azul.

Por su lado, la flora permite admirar paisajes deslumbrantes; la candelilla, planta propia de las Dunas de Bilbao, parece humedecer de verde el gran terreno color café. Uno de los arbustos más importantes del área es el mezquite, árbol que llega a medir entre seis y nueve metros de altura, tiene hojas angostas, con puntas suaves y espinas en sus ramas.