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Uno de los estados menos promocionados de nuestro país es Tlaxcala que, por su tamaño pequeño, se tiene la idea de que no hay mucho que recorrer, pero en este sitio existe un pequeño poblado situado en una zona montañosa que ofrece bellísimos paisajes como bosques, quebradas, arroyos y pequeñas cascadas, que resulta un paraíso para quienes son aficionados al campismo: Tlaxco.

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Su nombre proviene de la palabra Tlachco, la cual a su vez se integra con los vocablos Tlachtli, que quiere decir juego de pelota y Co, lugar. De esta forma Tlaxco significa En el lugar del juego de pelota.

La fundación de la cabecera municipal se dio en 1866 y son sus raíces históricas las que forman parte de su atractivo turístico. En la actualidad se perfila como una tradicional comunidad tlaxcalteca con singulares contrastes, ya que cuenta con hermosos paisajes naturales, como quebradas, bosques, arroyuelos y cascadas diminutas.

En el periodo de la dominación española fueron instaladas numerosas haciendas y posteriormente Tlaxco fue escenario de cruentos combates durante la Intervención Francesa y en los tiempos de la Revolución Mexicana. Las notables panorámicas, interesantes tradiciones y eficiente infraestructura local hacen de este lugar un foco turístico importante para el estado de Tlaxcala.

Tlaxco recibió el nombramiento de Pueblo Mágico, ya que cuenta con una notable riqueza arquitectónica como su iglesia que fue inaugurada por el propio Porfirio Díaz, además de la calidez de su gente y atractivos naturales. Por lo demás, los visitantes disfrutarán en Tlaxco de varios edificios sacros de los siglos XVIII y XIX, así como también calles que aún preservan su estampa colonial.

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Otra cosa que hay que admirar en este sitio son las artesanías de madera, una rica producción de queso e interesantes haciendas pulqueras que completan la oferta turística de esta comunidad tlaxcalteca.

El principal atractivo de Tlaxco también son las pinturas rupestres que se encuentran en las cavernas de La Parada y La Gloria, las cuales datan de hace unos 12 mil años. Por su antigüedad estas producciones constituyen un auténtico tesoro histórico y antropológico.