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Desde que somos pequeños escuchamos a nuestra familia recitar en alto y bien fuerte “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo…”, pero también esto: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que…”.

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El inicio de Cien años de soledad es uno de los comienzos que, al igual que el inicio del Quijote, permanece en la memoria colectiva de la historia de la literatura. La mítica fundación de Macondo por los Buendía y el devenir de la aldea y de la estirpe de los fundadores hasta su extinción constituye el núcleo de un relato maravillosamente mágico y poético, tanto por su desbordada fantasía como por el estilo de su autor, Gabriel García Márquez, dotado como pocos de un prodigioso don de contar.

En la última década del siglo XIX, Rubén Darío dio a Hispanoamérica la independencia literaria al inaugurar la primera corriente poética autóctona, el Modernismo, pero no fue sino hasta mediados del siglo XX, cuando Gabo situó la narrativa hispanoamericana en primera línea de la literatura mundial con su obra cumbre del llamado Realismo Mágico, donde las palabras se confunden entre lo abstracto y lo real como si fuera un juego y el único que supiera las reglas es el que las escribe.

Un 17 de abril de 2014, el genial escritor y periodista nos abandonó a los 87 años de edad. El escritor nació en Colombia, pero podemos considerarle ciudadano del mundo por su influencia en las letras y por su reconocimiento académico al ser galadornado en 1982 con el premio Nobel de Literatura.

Dotado de una gran libertad expresiva, García Márquez se permitió el lujo de hablar sobre las complicaciones del amor en Amar en tiempos de cólera, y también su pasión por la sociedad y su funcionamiento le llevó a interesarse rápidamente por el periodismo, género en el que dejó impresos donde están algunos de sus pensamientos más importantes, y oficio que dejó claro en Crónica de una muerte anunciada y Noticia de un secuestro.

Gabo se multiplica y revive en los millones de lectores que siguen conversando con sus páginas en silencio y en la bitácora de la gratitud de quienes ya lo vienen leyendo desde hace tiempo. La invención de los mundos imaginarios que solo él veía le hicieron irrepetible. Mundos a los que podemos llegar andando en cada renglón porque solo se ven cuando se leen y ese es el acuerdo tácito que debe saber cualquier interesado en García Márquez.