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Un dicho popular afirma que, cuando Dios se encontraba repartiendo riquezas por el mundo, se le cayó la canasta en una calle de Nombre de Dios y las dejó regadas allí.

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La metáfora no es casual, pues este municipio al oriente de la capital de Durango posee tierras fértiles bañadas por el río Tunal y sus afluentes. Cascadas, ojos de agua y riachuelos arbolados conforman el paisaje habitual de este sitio.

También conocido como La Villa, Nombre de Dios es uno de los pueblos que tienen mucho que ofrecer al turismo nacional e internacional; está llena de historias y leyendas relacionadas con la conquista y evangelización del norte del país.

La pintoresca población debe su nombre a que estando en este lugar Fray Pedro de Espinareda y Fray Jacinto de San Francisco, disponiéndose a buscar a los habitantes de la región para convertirlos al catolicismo dijeron: “Comencemos esta obra en el Nombre de Dios”.

La fundación de la Villa de Nombre de Dios se realizó a fines de 1563, pero Fray Jerónimo de Mendoza, fraile franciscano que iniciara las primeras exploraciones al norte de Sombrerete, estableció alrededor de 1558 la misión de San Francisco, por eso con orgullo se dice que este lugar es la puerta de la evangelización del norte de México.

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En este lugar destaca la Parroquia de San Pedro Apóstol, una construcción del siglo XIX, aunque la primera parroquia fue edificada a fines del siglo XVI en este mismo lugar. También se encuentra el Templo de Jesús Nazareno, en donde fuera el antiguo barrio de indios y primero se levantó una ermita para luego edificar a fines del siglo XVIII el actual edificio.

El Museo Comunitario Contalpa es un atractivo más; en él se exhiben fósiles de mamut, animales prehistóricos petrificados, herramientas de la época precolonial y antiguas fotografías.

El mezcal y las gorditas de Nombre de Dios no pueden dejar de probarse al visitar el lugar, además de las conservas, cajeta y los membrillos, propios de esta región del valle de Durango.