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Originalmente, el término hacienda se refería a un conjunto de bienes, por eso, durante los primeros años de la época colonial éstas eran más bien estancias asignadas a los encomenderos españoles.

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En el transcurso del siglo XVII las estancias fueron creciendo en extensión y número, y se situaron en regiones cada vez más apartadas de las poblaciones importantes; pero su actividad primordial siguió siendo la producción de ganado, aunque en el siglo XIX, las que estaban situadas en la península de Yucatán, se transformaron en henequeneras.

A mediados de 1940, cuando se inventaron los hilos sintéticos, la industria del henequén cayó abruptamente y con ello, el esplendor de las haciendas. Por fortuna, algunos cascos de haciendas pudieron recuperarse y se han convertido en hoteles, restaurantes, paradores de lujo, museos, casas de campo y recreo o en centros redituables destinados a eventos sociales.

Una de estas haciendas es Temozón. Perteneciente al municipio de Abalá, cuyo nombre significa “remolino de viento”, este sitio tuvo sus momentos de prosperidad económica a finales del siglo XIX y principios del XX.

La Guerra de Castas cambió el aspecto y la existencia de Temozón como unidad poblacional y económica. Se tiene noticia de que Dominga Lara, viuda de Don José Nicolás Lara, vendió la hacienda al señor José Rendón Peniche, declarado Benemérito del Estado por haber construido el primer ferrocarril de Yucatán. En 1873 éste vendió la hacienda a Carlos Peón Machado, quien sería gobernador del estado de 1894 a 1897, y convertiría la hacienda, en los 48 años en que fue de su propiedad, en pieza clave de su extenso emporio.

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El 25 de abril de 1908 un gigantesco incendio devoró sus campos de henequén en lo que fue quizás el desastre de esta naturaleza más grave en el estado durante el Porfiriato, del que la hacienda nunca se repuso.

La hacienda fue retaurada en 1995 por el arquitecto Luis Bosoms. Actualmente, está convertida en hotel, abarca 37 hectáreas y ofrece a sus visitantes la espléndida atmósfera y el estilo de la vida de fines del siglo XIX y principios del XX.

La arquitectura de Temozón es señorial, dadas sus magníficas proporciones y su casco se debe casi en su totalidad a la obra de don Carlos Peón Machado; no obstante, la sobriedad de sus elementos arquitectónicos acentúa su elegancia en un asombroso equilibrio de riqueza y sencillez.