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La meteórica carrera de Quentin Tarantino lo ha convertido en una leyenda de Hollywood, ya que su historia incorpora algunos elementos de otros muchachos maravilla como Orson Welles y Steven Spielberg, pero con un ritmo mucho más acelerado.

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No estudió en la universidad y la mayor parte de su educación referida al cine la obtuvo atendiendo un negocio de video. De hecho, fue en esta época cuando comenzó a escribir el guion de Perros de Reserva, su ópera prima, una cinta que descolló por su humor negro, ingeniosos diálogos y crudas escenas de violencia.

La carrera de Quentin Tarantino había comenzado y su nombre comenzaba a sonar, lo que vino luego fue todo muy vertiginoso y el director jamás defraudo, lo cual demostró que estabamos ante un hombre de cualidades indiscutibles y sobre todo un trabajador incansable.

Para Tarantino lo más importante a la hora de escribir una película son los personajes. No importa lo emocionante que sea la historia, lo dinámicos que sean los diálogos o la maestría técnica que demuestre el equipo de filmación; si al público no le interesan los personajes, todo lo demás no tendrá efecto.

El cineasta, nacido el 27 de marzo de 1963 en Knoxville, Tennessee, es un maestro a la hora de construir personajes con los que la audiencia pueda empatizar. También conoce el catalizador para esta tarea: escoger a los actores correctos, individuos capaces de entender su visión y ejecutarla a la perfección.

En 1994 Quentin Tarantino definitivamente se consagró como un guionista y director de suma importancia a nivel mundial con el estreno de Pulp Fiction, película que revitalizó la carrera de John Travolta, ganó la Palma de Oro en el prestigioso Festival de Cannes, y fue nominado a siete premios Oscar, entre ellos, al de mejor película.

Posteriormente dirigió Four Rooms (1995) con otros cineastas y colaboró como productor en varios proyectos. En 1997 presentó Jackie Brown y, tras seis años de silencio, volvió a ponerse detrás de la cámara en 2002 para rodar Kill Bill, la historia de una venganza narrada en dos episodios cuya protagonista interpretó Uma Thurman y en la que se entremezclan los elementos de la cultura popular que más fascinan a Tarantino, en especial el manga y las artes marciales.

Tras las películas de Kill Bill, Tarantino regresó a la dirección con Grindhouse (2007), poco después estrenó “Bastardos sin Gloria” (2008), homenajeó a los spaghetti westerns en Django Sin Cadenas (2012) y tres años después volvió al género del western para estrenar Los Ocho más Odiados.

A pesar de la brevedad de su carrera, Tarantino ya es considerado como un director de culto, un icono del cine moderno y actual independiente. De todos modos queda a la vista en sus participaciones actorales su viejo sueño de ser actor, el cual ha logrado concretar, aunque todos sabemos que el guionismo y la dirección son sus lugares indicados.