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A menos de tres horas de las ciudades de Campeche y Mérida, y rodeados de la selva verde, en la región denominada Chenes, se encuentran unos de los sitios arqueológicos más espectaculares y menos visitados de la península yucateca, considerados capitales regionales de la antigua civilización maya.

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Los Chenes es una ruta conocida por el estilo arquitectónico de los edificios de los sitios arqueológicos que la conforman y que están cercanos a las grutas de Xtacumbilxunaan. La palabra Che’en significa “pozo” en lengua maya y estos sitios cuentan con estructuras que fueron construidas para recolectar agua de lluvia y estaban dedicados a Chaac, el dios maya de la lluvia.

La Ruta de los Chenes nos permite conocer los vestigios de espléndidas ciudades mayas que en su momento fueron importantes centros políticos que llegaron a tener hasta 10 mil habitantes. Las zonas arqueológicas que integran esta ruta -Hochob, Tabasqueño y Santa Rosa Xtampac- carecen de grandes construcciones como Calakmul, Cobá o Chichén Itzá, y quizá por tanto no son tan visitadas; sin embargo, quien decide recorrerlas se sorprenderá gratamente con la excelente conservación de los edificios y su misteriosa fusión con el entorno natural.

Hochob y Tabasqueño son dos pequeños asentamientos muy próximos entre sí. El primero fue construido en una colina natural de aproximadamente 30 metros. Las fachadas de los edificios que se encuentran en la cima de esta colina representan a serpientes con sus fauces abiertas. Este es una característica muy particular del estilo Chenes: bloques de piedra de distintos tamaños  que conforman emotivas máscaras del dios solar Itzamná en los pórticos de edificios que fueron templos o aposentos sacerdotales.

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Santa Rosa Xtampac fue la gran acrópolis Chen. En su periodo de mayor esplendor alcanzó a tener más de 10 mil habitantes y 10 plazas ceremoniales. El centro de la ciudad está integrado por patios y plazas intercomunicados. Se aprecian construcciones rectangulares de tres pisos y con 40 habitaciones, columnas, bajorrelieves, estelas y fragmentos de pintura en algunos muros nos dan la idea de una decoración muy estilizada, digna de una gran ciudad.

El misticismo se puede respirar en la última parada de esta ruta, las grutas de Xtacumbilxuna´an, “lugar de la mujer escondida”, que fueron un espacio sagrado para los mayas. Formaciones rocosas, estalactitas y estalagmitas, conforman un fascinante recorrido de 200 metros, donde la leyenda es el ingrediente principal. Se dice que aquí fue escondida una hermosa joven y que el amor la liberó de su prisión, pero ella decidió volver y convertirse en piedra.