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Muchas personas se sorprenden ante las emociones que afloran tras la muerte de su compañero de cuatro patas, de su perro. Se llegan a sentir incluso culpables por la pena que sienten. En esos momentos, muchos recordamos que nuestro perro era parte de nuestra vida, de nuestra rutina y de nuestro hogar, pues más que sentirlo un amigo y compañero, lo consideramos un familiar.

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A menudo, no somos conscientes de que, no sólo pasamos duelo por el animal al que tanto amamos, sino también lloramos la pérdida de esa época feliz de nuestra vida, por todo lo que nos dio durante ese tiempo y por los lazos que ayudó a crear con otras personas y animales, que se convirtieron en importantes para nosotros.

Un informe científico reveló que la pérdida de nuestro perro puede resultar tan dolorosa como perder a un pariente. Cuando personas que nunca han tenido un perro ven cómo llora algún allegado al perder a su querida mascota, es probable que piensen que se trata de una reacción exagerada; sin embargo, aquellos que quieren a su can saben que su mascota no “solo era un perro”.

La investigación del Knox College en Estados Unidos, confirmó que para la mayoría de las personas, la pérdida de un perro es, en casi todos los sentidos, comparable a la pérdida de un ser querido. No obstante, esto aún no es aceptado del todo y los mismos científicos sostienen que “si la gente se diera cuenta de lo fuerte e intenso que es el vínculo entre las personas y sus perros, el dolor que causa su deceso sería más ampliamente aceptado”.

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La pérdida de un perro es muy dolorosa debido a que los propietarios no solo están perdiendo a la mascota. Esto podría significar también la pérdida de una fuente de amor incondicional, un compañero que proporciona seguridad y confort.

Tal vez una de las razones por la cual nuestras relaciones con los perros pueden llegar a ser más estrechas y satisfactorias que con seres humanos es que estos animales nos proporcionan una retroalimentación positiva incondicional, sin crítica.

Y esto no es casual. Los perros han sido criados selectivamente durante generaciones para prestar atención a los seres humanos. Mediante resonancias magnéticas los científicos demostraron que los cerebros de los perros responden a los elogios de sus dueños tan vigorosamente como lo hacen ante los alimentos, además de que reconocen a las personas y pueden aprender a interpretar los estados emocionales de los humanos según su expresión facial.

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Los estudios científicos también indican que los perros son capaces de entender las intenciones humanas, tratan de ayudar a sus propietarios e incluso evitan a la gente que no coopera con sus dueños o los tratan mal.

De allí que no es de extrañar que los seres humanos respondan a tal afecto, a esa ayuda desinteresada, a esa lealtad. La sola observación a los perros puede hacer sonreír a la gente y el bienestar de los dueños de estos animales es en promedio mayor que el de las personas que poseen gatos o ninguna mascota.