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Entre mesetas, cerros y ríos, se encuentra la Ruta del Peregrino, llamada así por la fe de los viajeros que recorren el estado de Jalisco.

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El camino es agotador por su trayectoria y por el exhaustivo calor, pero la devoción y la experiencia animan la travesía.

Esta tradición data de más de cien años atrás. Los peregrinos recorren 7 municipios del estado de Jalisco, en México. Iniciando en la ciudad de Ameca, atraviesa algunas montañas de la Sierra Madre Occidental y termina en el poblado de Talpa de Allende, específicamente en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario.

Su longitud es de 117 kilómetros y es recorrida por alrededor de 3 millones de personas al año, principalmente en Semana Santa y en la fiesta de San José el 19 de marzo. La caminata toma de dos a tres días.

Este turismo religioso perduró durante mucho tiempo sin el reconocimiento o apoyo del sector gubernamental.

Antiguamente, los creyentes viajaban en grupos y pernoctaban en medio de la sierra. Hasta hace unos años, cuando un equipo de arquitectos y diseñadores promovieron servicios básicos, alojamientos, observatorios y santuarios.

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El proyecto incluyó tres miradores (dos en Atenguillo y uno en Ameca) en sitios propicios para apreciar el paisaje jalisciense de la Sierra Madre Occidental, tres ermitas laicas (Ameca, Mixtlán y Mascota), seis sitios de descanso, dos albergues (Guachinango y Atenguillo) y una escultura de 18 metros dedicada a la virtud de la gratitud, en respuesta a las vivencias religiosas de gran parte de quienes realizan el camino a Talpa.

La imagen de la Virgen de Talpa fue modelada por indígenas tarascos de Michoacán y llevada a Talpa en el año de 1585; desde entonces ha sido venerada por propios y ajenos por sus incontables milagros a decir de los creyentes.

De las imágenes de la Santísima Virgen donadas por los religiosos franciscanos a los pueblos indígenas, tres alcanzaron gran celebridad durante la dominación española en la Nueva Galicia: La Virgen de la Expectación de Zapopan, Nuestra Señora de San Juan de los Lagos y la Virgen del Rosario en Talpa. Su figura se asemeja a las mujeres de la misma comunidad.

Según los estudios realizados a la imagen religiosa por Ricardo Lancaster Jones (1953), se trata de una pequeña escultura de una sola pieza, tallada en madera resistente y pesada llamada tepehuaje.