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Tener una oferta laboral cuando ya estás trabajando puede ser una buena noticia o la causa de un conflicto. Un gran porcentaje de los mexicanos que actualmente tiene una plaza desea encontrar un mejor trabajo, pero ¿qué pasa cuando esa oportunidad llega y la persona recibe una contraoferta de su actual empresa?

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La situación que se vive en el mercado laboral ha propiciado una mayor rotación en las compañías, en este tema las personas deben ser cuidadosas.

Cuando llega una oferta para cambiar de empleo y se acepta una contraoferta de la empresa para la que se trabaja en ese momento, las consecuencias suelen ser negativas para todos los implicados en el proceso. Sin embargo, se trata de una práctica creciente en el mercado de búsqueda de ejecutivos, que comienza a echar de menos un mayor compromiso de los candidatos.

Cuando un reclutador nos busca, y aceptamos otra oferta, estamos iniciando un camino sin retorno. No es recomendable retractarse porque la organización que pretendemos dejar nos ofrezca algo nuevo. Esas acciones dañan nuestra carrera, la cual es parte de nuestro patrimonio personal. Se debe ser honesto respecto a lo que se busca profesionalmente; si salimos a buscar otra posición es porque ya no deseamos estar en el lugar actual, quizá por lo económico, por la falta de retos o el clima laboral.

Si después de salir decidimos quedarnos y aceptar una contraoferta, estaríamos enviando un mensaje incorrecto porque lo más seguro es que lo que nos está impulsando a quedarnos en la empresa que, seguramente no cambiará, es la parte económica. Este tipo de contraofertas también pueden provocar una serie de conflictos con los demás compañeros, quienes podrían caer en actitudes y comportamientos que a la larga afectarán el desarrollo y el ambiente laboral.

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Ahora bien, del lado de la empresa surge la disyuntiva de dejar ir o no al empleado, sobre todo, si se ha invertido en capacitación o tiene contactos claves, pues el vínculo se perdería. La decisión de retener a alguien se deja para recursos humanos, teniendo en mente que su salida va a pegar mucho en la estructura.

Por lo general, el perfil del empleado contraofertado es claro: es gente que conoce muy bien a la organización y, aunque se dice que nadie es irremplazable, la empresa sabe que le llevará bastante volver a formar a un trabajador; es cuestión de dinero y tiempo a invertir. Por ello, si detecta que perderá más dejándolo ir que concediéndole algún apoyo, entonces buscará retenerlo.

El dinero no es un motivador a largo plazo, por ello los jefes deben, a su vez, ser prudentes en este tipo de oferta. Si al empleado le desagradan otros factores como el ambiente laboral, terminará por irse y en menos de un año, o bien, la empresa contratará a alguien más porque la persona rompió con la lealtad hacia el grupo y buscó otra oportunidad afuera.

Quedarse en la compañía sólo por lo económico es el tipo de cuestiones que trasciende en el mercado y la imagen del profesionista puede dañarse, por lo que hay que estudiar muy bien nuestras posibilidades.