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Talento polifacético y versátil, la imagen de Gene Kelly aparece indisolublemente unida a algunos de los musicales míticos de Hollywood de los años cincuenta, como “Cantando bajo la lluvia”, “Un día en Nueva York” y “Un americano en París”.

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Hijo de padres irlandeses, Gene Kelly nació el 23 de agosto de 1912 en Pittsburgh, y durante la Gran Depresión de 1929, que afectó en gran medida a la economía de su familia, Gene se vio obligado a desempeñarse en todo tipo de trabajos, desde fontanero y albañil hasta camarero, profesor de baile y gimnasia y aprendiz de periodista.

De pequeño había asistido a clases de baile por expreso deseo de su madre, formó pareja con su hermano Fred, con quien actuaba en clubs nocturnos, y entre ambos crearon una academia de baile en la que desarrollaron sus aptitudes para la coreografía.

En 1938 comenzó a trabajar en los escenarios de Broadway, debutando con la revista musical Leave it to me, a la que siguieron otras puestas en escena, lo que lo llevaría a firmar más adelante un contrato para cine debutando en “Por mi chica y por mí”, en la que trabajó al lado de Judy Garland.

Por esas fechas trabó amistad con un joven y ya famoso director, Stanley Donen, que sería determinante en su vida profesional, pero sobre todo al entonces maestro de bailarines, Fred Astaire, cuya compañera de baile era Ginger Rogers. Gene Kelly, lejos de confrontaciones artísticas, sostuvo una profunda amistad con Astaire, del que afirmó que “fuimos como hermanos” y que “en más de una ocasión intercambiamos papeles”.

En 1949, Donen le dio el papel principal en “Un día en Nueva York”, que precedió a una extraordinaria comedia musical, “Un americano en París”, con música de George Gershwin, que no tuvo el éxito de taquilla de otros musicales, pero recibió el aplauso unánime de la crítica y triunfó en la ceremonia de los Oscar, en la que consiguió seis estatuillas, incluida la de mejor película.

En 1952 llegaría el clásico “Cantando bajo la lluvia”, codirigida por Stanley y él mismo, quien también interpretó el papel protagonista. La película representa como ninguna otra la edad de oro del musical y se erige en una de las obras maestras del género. Basta con recordar la escena en la que Gene Kelly se declara a Debbie Reynolds o la imagen final para advertir el grado de complejidad de este musical que, al mismo tiempo, nunca deja de ser, tal como manda el género, un canto arrebatado a la alegría de vivir.

También está la escena de Gene Kelly cuando ejecuta en plena calle una coreografía bajo una falsa lluvia: mezcla de agua y leche, a fin de que la cámara pudiese captarla sin problemas, una secuencia que con toda seguridad, es la más popular del musical.

Más adelante, Kelly rodó otras cintas e inició una nueva etapa, centrándose más en su labor como director. Finalmente, en 1983, anunció su retirada del mundo artístico tras una trayectoria de más de medio siglo y falleció en 1996.