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Puede que conozcamos a alguien o puede que nosotros mismos formemos parte de ese grupo de personas que están permanentemente obsesionadas con quedar bien.

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A casi todos nos preocupa quedar bien y queremos ayudar a los demás; es normal y forma parte de nuestra presencia en la sociedad, pero hay una barrera bastante fina entre estar preocupados por los demás y que nos preocupe la imagen que tengan de nosotros y que nuestra vida se vea trastornada por ello.

Querer quedar bien se convierte en un problema cuando pasa a controlar nuestras vidas. Si nos obsesiona, nos hace estar nerviosos, tristes o ansiosos, entonces es probable que exista una patología.

También es importante determinar con quién nos importa más quedar bien; no es lo mismo dejarlo todo para ir a ayudar a un amigo o familiar muy cercano que a un simple conocido. Aquí conviene aplicar el criterio de la reciprocidad y preguntarnos si nosotros esperaríamos lo mismo de esa persona. Debemos plantearnos si esperaríamos que esas personas estuvieran con nosotros si fuéramos nosotros los enfermos y darnos cuenta de que no siempre vamos a poder ayudar a todo el mundo, por lo que se hace necesario priorizar.

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Que los demás tengan buena opinión de nosotros, formar parte de ese grupo de gente de la que todos dicen “es muy buena persona” y sentirnos satisfechos con lo que hacemos por los demás no tendría por qué suponer un problema, pero en ocasiones, lo hay.

El conflicto se presenta a medio camino entre la obsesión por quedar bien y el complejo de rescatador, es decir, la constante necesidad de cuidar de los demás, dejando en segundo plano la vida propia.

Para saber si se sufre de algún problema, el primer paso es reconocer que existe una obsesión por quedar bien con la gente y que está afectando profundamente. El segundo paso es reformular el término egoísmo. La idea de ser egoísta tiene una connotación negativa en la sociedad, y puede serlo en ocasiones, pero también es necesario. El egoísmo, como forma de poner nuestras necesidades por delante de las de los demás y sobre todo, aprender a decir que NO, es necesario.

En muchas ocasiones, querer quedar bien con los demás esconde un problema de autoestima; no nos gustamos tal como somos, tenemos miedo de no gustar tampoco a los demás y nos esforzamos en hacer todo lo posible por que nos aprecien. Trabajar nuestra autoestima y nuestra propia visión de nosotros mismos es el mejor trabajo que podemos hacer para no permitir que el problema nos supere.