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El 9 de agosto de 1945, tres días después de la bomba atómica que destruyó Hiroshima, la historia de Japón volvía a estremecerse. La bomba de plutonio “Fat Man” detonó a las 11:02 de la mañana, ataque en el que fallecieron más de 74 mil personas. Las dos bombas atómicas lanzadas por los estadounidenses precipitaron la rendición de Japón el 15 de agosto de 1945 y con ello, el fin de la Segunda Guerra Mundial.

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Desconcertados los japoneses luego del lanzamiento de la bomba atómica de Hiroshima, los primeros informes en Japón eran que la ciudad había sido destruida por un bombardeo convencional de muchos aviones. Hasta que no pasaron unos días, se dieron cuenta de la magnitud de la tragedia. A pesar de todo, a ningún político ni militar japonés le pasó por la cabeza pensar en la palabra “rendición”, con la esperanza de que algún milagro desequilibrase la balanza a su favor.

A los dos días de producirse el bombardeo atómico, la Unión Soviética declaró la guerra a Japón y el Ejército Rojo en una ofensiva invadió los territorios bajo dominio nipón. En las primeras 24 horas, el Ejército del Kwantung en Manchuria, el más poderoso de Japón, fue prácticamente aniquilado por los soviéticos.

A causa de estos sucesos, Estados Unidos vio la necesidad de borrar a Japón del mapa lo más rápido posible, antes de que la Unión Soviética invadiese todos los territorios del sudeste asiático, lo que derivaría en un desequilibrio de poderes en la postguerra. Aterrorizado ante este posible resultado, el entonces presidente Harry Truman autorizó lanzar una segunda bomba atómica.

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“Fat Man” era el nombre de la segunda bomba atómica, aunque más peculiar, ya que se trataba de una bomba de hidrógeno. Tenía 3.6 metros de largo y 1.5 metros de ancho, con una esfera en el interior de plutonio 239, explosivo convencional y 70 detonadores que accionaban otras 70 cargas de uranio 238.

Teóricamente esta bomba debía lanzarse el 11 de Agosto, pero debido a que el clima era de tormentas para esa época, se adelantó al día 9, es decir, sólo 24 horas después de darse la orden de ataque.

Las nubes se abrieron poco antes de las 11:02 de la mañana del 9 de agosto de 1945 y eso le permitió al bombardero de a bordo fijar visualmente el blanco. Fue 500 metros encima de una cancha de tenis, a medio camino entre un arsenal y una fábrica de acero, que se produjo la detonación, una explosión que le agregó una nueva y dolorosa herida a la conciencia de la humanidad.