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Dolores del Río fue la figura estelar por antonomasia de toda la producción cinematográfica mexicana, en la que no sólo renovó los laureles que había previamente conquistado en Hollywood, sino que los aumentó, alcanzando cimas de dramatismo y profundidades de expresión insospechadas.

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Estrella del cine, querida, reconocida y admirada en el mundo, pero olvidada en su natal Durango. Hay quienes la califican como la gran diva del cine de México, que recibió homenajes en todo el mundo, que hizo que Hollywood se rindiera a sus pies, pero en su tierra, su legado y patrimonio, luce olvidado y abandonado, al menos por la autoridad.

Piel canela, cabello negro impecable, ojos negros, lindas piernas, porte y elegancia hicieron de Dolores del Río un referente de belleza y magnetismo. Su personalidad, que elevaba al máximo la belleza mexicana, rompió con aquellos estereotipos marcados en la “Meca del Cine”, donde las rubias inundaban los costosos filmes.

Nacida como Dolores Asúnsulo López Negrete, el 3 de agosto de 1904, cautivó el mundo cinematográfico con su belleza y con aquel refinado gusto que se acomodaba perfecto a los modelos de diseñadores como Cristóbal Balenciaga o Christian Dior y que al mismo tiempo desbordaba elegancia en aquellos huipiles nacidos de las manos de artesanos mexicanos.

Dolores se convirtió en un referente de magnetismo en la gran industria del cine, pero no todo fue tan glamoroso como se veía en pantalla. También debió padecer el racismo y los prejuicios para encajar en el círculo estadounidense.

Su regreso a México, en 1942, marcó una nueva etapa en su carrera. Muchos pensaron que después de su glamorosa vida en Hollywood, su carrera terminaría en este país, pero no fue así; unió su talento al de grandes como Roberto Gavaldón, Gabriel Figueroa y Mauricio Magdaleno. Y con Emilio “El Indio” Fernández, se acrecentó el culto a Dolores como máxima diva del cine mexicano, gracias a cintas como “Flor Silvestre” y “María Candelaria”.

En la actualidad, gracias a que el tiempo no ha hecho otra cosa que convertirla en un objeto de culto entre diversos círculos del cine y la cultura, decir Dolores del Río es recordar a una mujer que Marlene Dietrich consideraba “la más bella de Hollywood”.