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Las cantinas son lugares excelsos de estancia obligada para parroquianos y comensales ocasionales, pero también son un atractivo elocuente para turistas nacionales y extranjeros, porque en ellas se pueden observar las más frescas y genuinas manifestaciones de la condición humana.

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La cantina “La Valenciana” comenzó su historia en 1884, cuando su propietario se dio a la tarea de abrir un espacio orientado a los maestros y el público estudiantil que concurrían por la zona antiguamente conocida como el Barrio Universitario, asegurándose varios años de popularidad y éxito entre el mundo literario y académico.

Conocida como una de las cantinas más antiguas del Centro Histórico de la Ciudad de México, “La Valenciana” era un lugar de efervescencia en el que se dejaba volar al pensamiento juvenil de aquella época, acogiendo a una generación entera de personajes destacados, tal es el caso de Enrique González Rojo, Luis Enrico Erro, Jaime Torres Bodet y Octavio Barreda.

Según se cuenta, el dueño original de este negocio era aficionado a la literatura y por esta razón, invitó a que la palomilla imprimiera sus primeros poemas en el menú. De este modo se dio paso a la creación del Menú Literario del Día, el cual se actualizaba diariamente con nuevos textos, conduciendo así a un ambiente propicio para la creación de la revista “San-ev-ank”, publicación literaria de corte semanal que estuvo producida de julio a noviembre de 1918.

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Así, tras consolidarse como una de las más populares cantinas, “La Valenciana” fue sometida a una remodelación en 1948 con el objetivo de ampliar sus instalaciones, adquiriendo su aspecto actual.

Si bien este lugar siguió vivo por algún tiempo, ya no conservaba aquella tradición literaria que la distinguió en épocas anteriores, por lo que en sus últimos años fue uno de los lugares predilectos de los impresores que laboraban en los alrededores de Santo Domingo.