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Generalmente, cuando ocurre un divorcio, los niños continúan viviendo en el mismo hogar con la madre, pero los chicos crecen y entran en esa etapa que se caracteriza por la rebeldía, llamada adolescencia.

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Los hijos adolescentes de padres divorciados no son la excepción. La rebeldía se produce porque nuestros adolescentes están intentando encontrar su lugar en el mundo, quieren forjar su personalidad, y en el camino, se pueden producir continuas luchas de poder.

Para una madre que se ha acostumbrado a vivir con sus hijos, no hay nada peor que la declaración de un adolescente que informa “me quiero ir a vivir con papá”. Lo más seguro es que ante esta confesión se desate una discusión en la que el adolescente termine levantándose y encerrándose en su habitación. Por su parte, la madre se queda balbuceando maldiciones, pasando por el llanto y un sinfín de preguntas.

Ante esto hay cosas que se deben hacer y otras, mejor abstenerse para no lastimar la relación con el hijo decidido a irse a vivir con su otro progenitor.

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Lo que no debes hacer

No centres todos tus esfuerzos en tratar de evitarlo. Las prohibiciones no suelen surtir el efecto que uno espera. Trata de tener un diálogo franco con tu expareja en la que se puedan poner de acuerdo acerca de lo más conveniente para su hijo.

Si no logran ponerse de acuerdo y el hijo insiste en querer vivir con el padre, y se tiene buenas razones para no querer que así sea, lo más conveniente será buscar ayuda profesional que los pueda contener y hacerles notar otras posibilidades de solución al conflicto.

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Lo que puedes hacer

Si tienes buenos motivos para que tu hijo no viva con su padre, insiste en la explicación de las razones, pero siempre teniendo en cuenta que aquí lo importante es la salud y la seguridad de él. Deja de lado las peleas con tu ex o los reproches; recuerda que después de todo tu hijo tiene derecho a elegir con quién vivir.

Nunca pierdas de vista que la vida de un adolescente se caracteriza por los continuos cambios en las relaciones, cambios físicos y en su autoestima, así como muchas preguntas del lugar que ocupa en el mundo.

Además, lo más importante es que le transmitas, que viva donde viva, siempre podrá volver contigo, donde encontrará paciencia, amor y comprensión intactos, esperándolo como si nunca se hubiera ido.