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En la actualidad, la falta de cortesía, la ausencia de modales y el comportamiento desconsiderado de muchas personas es un problema muy serio; pareciera que las palabras “por favor” y “gracias” han sido borradas del lenguaje cotidiano, y ni hablar del uso y abuso del teléfono celular en sitios públicos y la falta de etiqueta en Internet. 

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De hecho, muchos expresan verdadera alarma ante la creciente ola de falta de modales en la sociedad actual, considerándola una epidemia que amenaza con acabar con lo que queda de la civilización.

La cortesía, la consideración y el tacto han sido llamados “el aceite que lubrica la gran maquinaria social” que nos permite funcionar en relativa paz y armonía, y con razón. Si todos simplemente actuáramos sin tomar en cuenta de qué manera nuestras acciones afectan a quienes nos rodean, el solo hecho de salir a la calle a comprar el pan podría sentirse como un acto de agresión: los más fuertes tomarían nuestro puesto en la fila del supermercado; los impacientes nos empujarían para quitarnos de su camino, el indiferente nos cerraría la puerta en la cara, y muchos quizás harían actos muy personales, y muy privados, en público.

Los buenos modales como decir “por favor” y “gracias”, bajar la voz cuando interferimos con la tranquilidad o la concentración de otro, poner la basura en su lugar, demuestran un interés en el bienestar de nuestra comunidad y en la salud del planeta en el que vivimos.

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Por el contrario, cuando una sociedad abandona los buenos modales, el efecto acumulativo de estas agresiones aumenta el estrés y afecta el bienestar total de la persona, la salud, las relaciones y la paz mental.

De acuerdo con los analistas sociales, este “relajamiento” en los modales puede deberse a la confluencia de varios factores; en muchas familias, los padres trabajan o están ausentes gran parte del tiempo durante los años formativos de sus hijos. Esto deja la educación social de los pequeños en manos de personas que, muchas veces, no les inculcan los modales básicos. Muchos crecen literalmente con la televisión como niñera.

Además, en un afán por hacer reír o por atraer al público más joven, muchas películas, programas y canciones van por el denominador común más bajo. Con la repetición constante, estos tienen el poder de ir acostumbrando a la persona, por lo que ponen en una disyuntiva a los padres de cómo inculcarle buenos modales a los hijos, si cuando ven filmes o programas de TV, los personajes realizan actos completamente vulgares y rudos.

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Para vivir en armonía y sin estrés, tener mejores relaciones, funcionar mejor en el trabajo y disfrutar más de la vida, es esencial desenvolvernos en un mundo donde imperen el respeto y la consideración. Para rescatar estos valores en peligro de extinción, como padres hay que ser impecables en los modales. Esto quiere decir que, sin excepción, sigamos las reglas sociales básicas, como sostener la puerta para que pase otra persona, responder a una invitación, contestar el saludo, realizar todo aseo personal en privado, hablar en voz baja para no molestar a otros, no decir malas palabras, ceder el paso, dirigirse a toda persona con respeto, etc.

En la medida de lo posible, evita los programas o eventos que celebren la vulgaridad. Recuerda que la repetición constante llega a convertir un comportamiento vulgar y ordinario en algo que llegamos a ver como “normal”.

Finalmente, cuando enfrentes una nueva situación social, si tienes dudas sobre cómo comportarte, actúa con consideración. Al final, esa es la base de los buenos modales.