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Practicar deporte en perfectas condiciones y con las pilas cargadas es fundamental para evitar un susto de última hora. La “pájara” es uno de los más habituales en todo deportista, y por ello es importante saber cómo evitarla y reconocerla cuando nos sucede.

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La “pájara” es un agotamiento excesivo que se produce principalmente en las personas que practican deportes aeróbicos de alta intensidad como carrera o ciclismo. Se caracteriza por un malestar general que nos impide realizar con éxito la actividad en cuestión.

Varias son las partes del cuerpo que se ven afectadas por este proceso que se produce por falta de energía suficiente para poder hacer frente al esfuerzo que supone la actividad deportiva.

Normalmente la gente que sufre este fenómeno siente de repente un malestar general que se traduce en numerosos signos y que los obligan a detener su actividad en seco, ya que no pueden seguir adelante con el ejercicio. Esto es debido a que las reservas de glucógeno del organismo han sido agotadas por completo y por lo tanto sin energía rápida no se puede seguir adelante.

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Normalmente, cuando se produce una “pájara” nuestra visión se nubla o nos hace ver alucinaciones debido a que el aporte de glucosa es bajo, por lo que al carecer de él, las funciones cerebrales dejan de ser correctas. Lo mismo sucede con la motivación para seguir realizando el ejercicio; el cerebro deja de mandar los impulsos a las diferentes partes de nuestro cuerpo para que sigamos adelante.

El corazón, y con él, la circulación, también se ven afectados, ya que normalmente con la práctica deportiva se acelera su ritmo, si a esto le sumamos la acumulación de ácido láctico en los músculos que hace que se ralentice la circulación, y la falta de hidratación en la sangre que consigue un riego deficiente, el corazón se verá sometido a un esfuerzo máximo, por lo que el agotamiento será mayor y más temprano.

Lo mismo sucede con la utilización de las reservas de glucógeno por parte de los músculos. No es que en el cuerpo no haya glucógeno suficiente para poder con la actividad, sino que está mal repartido, es decir, en músculos como los que forman los brazos, que apenas intervienen en una carrera o en bici, las reservas permanecen casi intactas, mientras que en las piernas se agota y tiramos de las reservas del hígado hasta agotar todo. Pero paradójicamente, el glucógeno que existe en otros músculos no puede ser utilizado por las piernas, con lo que éstas no darán más de sí.

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La mejor forma de solucionar esto es ingerir alimento antes del ejercicio, ya que debemos acudir con los depósitos de glucógeno al máximo. Hidratos de carbono complejos de asimilación lenta provenientes de cereales integrales son una buena solución, ya que durante el ejercicio el estómago no procesa los alimentos, pues la sangre se concentra en los músculos implicados en la acción, por lo que no obtendremos la energía necesaria para continuar.

Es importante que tengamos esto en cuenta y sepamos que las “pájaras” se pueden evitar, aunque si estamos a punto de sufrirla, debemos saber cuáles son sus síntomas para parar cuanto antes y prevenir desvanecimientos por agotamiento.