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Cuando estamos en la universidad después de tantos años estudiando, hacemos en nuestra cabeza una especie de esquema en el que nos vemos triunfando. Creemos que al salir de esa institución, gracias a los buenísimos conocimientos y preparación que hemos adquirido con el tiempo, tendremos el trabajo de nuestros sueños.

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Sin embargo, una vez tenemos nuestro título bajo el brazo, la situación no es de ni de lejos lo que nos imaginábamos. No llegamos a ser directores de departamento en el primer año gracias a nuestros grandísimos logros, ni somos el trabajador del mes nada más incorporados a la compañía.

Cuando salimos de la universidad todos queremos trabajar en aquello para lo que hemos estudiado, pero hay otros que deciden empezar por su cuenta. Muchas veces, es difícil que en la universidad se hable de emprendedurismo, pero puedes tomar nota de estos puntos si eres recién egresado:

No hay respuestas correctas

Los problemas a los que te enfrentas en la escuela están designados para tener ambas: respuestas correctas e incorrectas. Cuando emprendes puedes obtener buenos consejos de expertos, pero cada negocio es diferente y puede que no sepas si estás siguiendo el camino correcto hasta que tu negocio arranque y crezca.

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Ser un “matado” no te ayudará a tener éxito

Habilidades como memorizar información o seguir las instrucciones del maestro no te ayudarán a despegar tu negocio. Es momento de que cambies el modo de “buen estudiante” y te atrevas a arriesgarte. Deja de alcanzar las expectativas y empieza a superarlas.

Ser “promedio” no es lo suficientemente bueno

Puede ser que hayas pasado las materias en la Universidad sacándote 7 y 8, pero si tu negocio no se saca sólo 10, la competencia te destruirá. Muchos de los mejores y más brillantes estudiantes decidieron iniciar su propio negocio y te enfrentarás con ellos para atraer la atención de los consumidores.

Tu título no importa

Es cierto que algunas escuelas ya intentan preparar a los jóvenes emprendedores para el mundo de las start-ups, y para hacer los contactos que te permitirán convertirte en empresario. Pero, por lo general, para otros emprendedores e inversionistas no importa de qué universidad te gradúas. Tener una buena idea y la capacidad de hacerla realidad es lo que importa.

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Estás por tu cuenta

En la universidad tienes la ventaja de aprender de los maestros y de cuestionarlos debido a que, casi siempre, tienen los conocimientos para ayudarte a entender su clase. Con tu negocio, es primordial encontrar mentores con los que hablar para superar obstáculos. Para asesoría, acércate a expertos en el tema o a profesores o grupos de alumnos que puedan darte una mano.

Dile adiós a viejos amigos

Tal vez elegiste a tus amigos en la universidad basándote en intereses comunes. Como emprendedor, seguirás queriendo tener amistades, pero tu criterio de elección cambiará. Los viejos amigos que apostaron por conseguirse un empleo no van a entender tus retos y rutina como lo harían otros emprendedores. Busca gente como tú para que puedas compartir tips y logros.

Está bien fracasar

Reprobrar una materia no arruinará tu carrera universitaria, y un fracaso no significa que tu próxima idea no funcionará. Sigue trabajando lo mejor que puedas, reinventa y modifica tu negocio o inicia otro, y puede que te gradúes de esta estricta escuela que se llama “negocios”.