Seleccionar página

Subversiva es el adjetivo que probablemente mejor le quede a Katharine Hepburn, siempre una rebelde y dispuesta a luchar contra la imagen que Hollywood extendía sobre la mujer. Rechazó el aparato publicitario de la “Meca del Cine” y se negó a cumplir con las expectativas que la sociedad tenía para con las mujeres. 

Katharine Hepburn 3

Era franca, enérgica, deportiva y utilizó pantalones antes de que se pusieran de moda entre las mujeres. Desafió las convenciones a lo largo de su vida profesional y personal. Hepburn proporcionó una imagen de una mujer asertiva de la que las demás pudieran aprender y observar; sin embargo, no fue venerada por las feministas, que estaban enfadadas por sus declaraciones públicas acerca de que la mujer “no puede tenerlo todo”, en referencia a la carrera profesional y la familia, y ¡vaya que sabía de lo que hablaba!

Hepburn era un volcán, un terremoto en escena, llenaba la pantalla con su impresionante presencia arrolladora. Así es que sus mejores parejas cinematográficas, Cary Grant, Spencer Tracy y Humphrey Bogart, fueron los únicos capaces de estar a la altura, controlando su devastadora energía, dándole la réplica perfecta, algo que ella sabía hacer muy bien.

Hepburn nació el 12 de mayo de 1907, en el seno de una familia aristocrática que decía descender de un hijo bastardo del príncipe Juan de Inglaterra. Esta alcurnia y el hecho de que sus antepasados hubieran llegado a Estados Unidos en el Mayflower eran referencias que los Hepburn mantenían muy frescas.

Criada por padres progresistas, Hepburn comenzó a actuar mientras estudiaba. Tras cuatro años en el teatro, las críticas favorables de su labor en Broadway llamaron la atención de Hollywood. Sus primeros años en la industria del cine estuvieron marcados por el éxito e incluso recibió un premio de la Academia por su tercera película, “Morning Glory”, aunque a esta le siguieron una serie de fracasos comerciales que la llevaron a ser calificada como “veneno de taquilla” en 1938.

Su reaparición en Broadway supuso un nuevo auge en su carrera: su trabajo en la comedia de Philip Barry, “Historias de Filadelfia”, llegó a las cuatrocientas representaciones y recibió el aplauso unánime de crítica y público. Tras su fracaso en Hollywood, la actriz se sentía tan feliz con este nuevo triunfo que el multimillonario Howard Hughes, con quien había tenido un romance, le regaló los derechos para que únicamente ella pudiera hacer la versión cinematográfica.

Tras comprar la cancelación de su contrato a la RKO, volvió a la Costa Oeste para ofrecerle la adaptación al zar de la Metro Goldwin Mayer, Louis B. Mayer, quien aceptó, aunque no se plegó a las exigencias de la actriz de que los coprotagonistas fueran Clark Gable y Spencer Tracy. Le proporcionaron a Cary Grant y James Stewart y tuvo a George Cukor como director, y la química conseguida prueba que fue la elección perfecta para una película memorable, con la que ganó un prestigio que ya no la abandonaría.

Durante los años cincuenta y sesenta bajó mucho su ritmo de trabajo, lo cual no le impidió cosechar grandes éxitos como “La reina de África”, que coprotagonizó con Humphrey Bogart, o la citada “Adivina quién viene esta noche” y “El león en invierno”, por los que obtuvo el Oscar de forma consecutiva.

En las décadas siguientes, acusando su ya avanzada edad, redujo su presencia cinematográfica a papeles esencialmente de apoyo, con la notable salvedad de “En el estanque dorado”, por el que se le concedió su cuarto Oscar, y en el que compartió cartel con otra gloria del cine clásico estadounidense, Henry Fonda. Se despidió del cine en 1994, ya octogenaria, para retirarse a su casa de campo en Connecticut, donde la acompañaban habitualmente familiares y amigos, hasta su muerte el 29 de junio de 2003.

Hepburn mantuvo cierto recelo de su vida privada y resguardaba ferozmente su intimidad. Se negó a dar entrevistas o charlas a sus seguidores durante gran parte de su carrera. De esa forma, se distanció de la forma de vida tradicional de la celebridad y se desinteresó del ámbito social al que veía como tedioso y superficial.

Katharine Hepburn 1

En el ámbito amoroso, su único esposo fue Ludlow Ogden Smith, hombre de negocios de la clase alta de Filadelfia, pero nunca se dedicó plenamente al matrimonio y priorizó su carrera. Su traslado a Hollywood fomentó el distanciamiento de la pareja y en 1934, se divorció, aunque siempre expresó su gratitud hacia Smith por su apoyo moral y espiritual, creando una fuerte amistad hasta la muerte de él.

Aunque tuvo varios romances, Hepburn se aferró a su decisión de no volver a casarse y optó por no tener hijos. Creía que la maternidad debía ser una entrega de tiempo completo y eso era algo que no estaba dispuesta a hacer.

No obstante, la relación más significativa de su vida fue con el actor Spencer Tracy, la cual recibió mucha publicidad y es citada a menudo como uno de los amoríos legendarios de Hollywood. Se conocieron cuando ella tenía 34 y él 41. Aunque Tracy permaneció casado durante toda la relación, él y su esposa Louise vivían de forma separada, nunca hubo una separación oficial y ninguna de las partes reclamó un divorcio, al tiempo que Hepburn no interfirió y nunca buscó casarse con él.

Katharine Hepburn 4

Tracy era alcohólico y frecuentemente se deprimía; más adelante, la salud de Tracy declinó significativamente en la década de 1960 y Hepburn se tomó un alto de cinco años en su carrera para cuidarlo. Se mudó a la casa del actor en ese período y estuvo con él cuando murió el 10 de junio de 1967, aunque por consideración a su esposa, no asistió a su funeral.

No fue sino hasta después de la muerte de Louise Tracy en 1983 que comenzó a hablar públicamente sobre sus sentimientos por su frecuente compañero de reparto. En respuesta a la pregunta de por qué se quedó con Tracy durante tanto tiempo a pesar de la naturaleza de su relación, dijo: “Honestamente, no lo sé. Solo puedo decir que nunca podría haberlo dejado”.