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Existe un hito histórico del siglo XIX en el lugar donde está asentada la Universidad Pedagógica Nacional, el Fondo de Cultura Económica y el Colegio de México; se trata de la batalla de Padierna ocurrida en agosto de 1847, entre mexicanos y el ejército norteamericano.

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La creencia popular suele considerar esta batalla como menor, y combatida de manera absurda por los mexicanos, incluso llena de traiciones y rencillas; sin embargo, fue grande la valentía y el arrojo de los combatientes directos, y una batalla que de haber sido estratégicamente cimentada, pudo haber cambiado significativamente el curso de la historia de la invasión estadounidense.

En el marco de la guerra entre México y Estados Unidos, muchas batallas y otros hechos de armas pusieron en evidencia las desigualdades técnico-militares entre ambos ejércitos.

Al quedar frenado por el norte el avance invasor después de la batalla de La Angostura, los norteamericanos abrieron un nuevo frente de guerra, partiendo de Veracruz para capturar la capital de la República y así obligar a la rendición de los mexicanos.

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Con la amenaza del invasor que ya había triunfado en la batalla de Cerro Gordo, el presidente de la República, Antonio López de Santa Anna, ordenó preparaciones defensivas que incluyeron organización del terreno para proteger la parte oriental de la Ciudad de México y una fuerza móvil para golpear los flancos del enemigo cuando atacara.

La División del Norte, unidad que contaba con mayor experiencia en aquellos momentos, estaba al mando del General Gabriel Valencia y tenía la misión de contraatacar al enemigo.

En razón de cambios en la actitud ofensiva del General Scott, que inició su avance a la ciudad por el sur, evadiendo de esta manera las obras defensivas del oriente, Padierna, San Ángel y Churubusco tomaron importancia para tratar de impedir el avance norteamericano.

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Apartándose de la concepción defensiva original y tomando en cuenta viejas rencillas personales, el General Valencia buscó hacer frente al enemigo en Padierna, tomando posesión de un terreno impropio para montar una defensa.

El desastre se inició desde el amanecer del 19 de agosto de 1847 para transformarse en derrota en la madrugada del día siguiente. De esa manera y con la pérdida en Padierna, la capital de la República quedaba prácticamente indefensa ante el invasor.