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La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, objeto de un proceso de juicio político que podría deponerla, evocó ayer su pasado como víctima de la dictadura militar brasileña y aseguró disponer de “ánimo, fuerza y coraje” para defenderse.

juicio

En un tono notablemente menos incisivo que en comparecencias anteriores, y como primera reacción a la decisión de la Cámara de Diputados en favor de enjuiciarla, Rousseff dijo ser víctima de una “gran injusticia” por un proceso que, dijo, carece de fundamentos jurídicos.

“Esta es una situación que puede provocar una inmensa sensación de injusticia y, en segundo lugar, un sentimiento de que hay una violencia en Brasil contra la verdad, la democracia y contra el Estado democrático de derecho”, señaló ante decenas de periodistas en el Palacio del Planalto, sede de la presidencia.

Dijo que el proceso de juicio político, aprobado el domingo por una abultada mayoría de 367 diputados a favor por 137 en contra, es “la tercera ronda electoral y ahora comienza la cuarta”.

Rousseff se refirió así al proceso en el Senado, que podría destituirla si dos tercios de los 81 senadores estiman que ella incumplió la ley en su manejo de las cuentas públicas de 2014 y 2015.

“Tengo ánimo, fuerza y coraje para enfrentar, a pesar del sentimiento de mucha tristeza, esa injusticia. No voy a abatirme, no voy a dejarme paralizar por eso, voy a continuar luchando como hice durante toda mi vida”, aseveró Rousseff, exguerrillera de izquierda, presa y torturada durante la dictadura militar (1964-1985).

“Al contrario de lo que anuncian no estamos en el fin, estamos en el inicio de la lucha. Será una lucha larga”, admitió Rousseff, que no cerró la puerta a una dimisión anticipada si con ello se dan las condiciones para celebrar elecciones generales.

“Todas las alternativas son considerables, pero (la dimisión para una elección general anticipada) no lo estoy considerando ahora”, señaló.

Rousseff, quien se encuentra en su momento de mayor debilidad desde que asumió el poder en Brasil en 2011, se refirió a su todavía vicepresidente, Michel Temer, quien la prensa brasileña asegura que ya negocia cargos en su eventual futuro Ejecutivo.

“Es extremamente inusitado y extraño que un vicepresidente, en el ejercicio del mandato, conspire contra la presidenta abiertamente. En ninguna democracia del mundo una persona que hiciera eso sería respetada. Porque a la sociedad humana no le gustan los traidores”, expresó, con semblante serio, la primera presidenta mujer de Brasil.

El argumento jurídico de la oposición, promotora del juicio político, es el supuesto incumplimiento de la ley de responsabilidad fiscal por parte del Ejecutivo de Rousseff, a quien la oposición acusa de utilizar artimañas para hacer cuadrar las cuentas públicas.

Esta opinión fue respaldada en octubre por el Tribunal de Cuentas, que en una decisión inédita rechazó las cuentas públicas del Ejecutivo en 2014, al entender que hubo irregularidades en el manejo de los gastos, en particular con el objetivo de cumplir el déficit fiscal, obligación gubernamental estipulada por ley.

Rousseff rechaza irregularidades y ayer dijo que todos los anteriores presidentes hicieron lo mismo.

(ntx)