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La presidenta brasileña Dilma Rousseff quedó en la cuerda floja, luego que la Cámara de Diputados de Brasil aprobó la noche del domingo por más de dos tercios la apertura del proceso de juicio político en su contra.

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Tras cinco horas de votos nominales, en los que los parlamentarios aprovecharon para evocar a sus familias, a la Constitución y la lucha contra la corrupción, el “sí” al juicio político recibió 367 votos, el “no” 137, hubo siete abstenciones y dos ausencias.

La sesión, carente de solemnidad, estuvo marcada por una gran tensión, por constantes acusaciones cruzadas y por los calificativos de “golpistas” y de “corruptos” entre partidarios y opositores a la presidenta en la Cámara.

La presidenta Rousseff, acusada de incumplir la ley en el manejo de las cuentas públicas de 2014 y 2015, permanecerá en el cargo hasta que el Senado, la siguiente y definitiva instancia en el juicio político, apruebe o rechace en las próximas semanas el juicio político.

La amplia derrota de ayer en la cámara baja supone un duro golpe para Rousseff, apenas 16 meses después de que iniciara su segundo mandato tras ganar las elecciones con un margen de 3.5 millones de votos.

Las revelaciones de corrupción en la estatal Petrobras, las manifestaciones masivas en su contra y la profunda crisis económica han derrumbado la popularidad de una presidenta que ha sido cuestionada incluso por su propia formación, el PT.

Para mantenerse en el cargo, Rousseff y su antecesor Luiz Inacio Lula da Silva deberán ahora convencer a la mitad de los 81 senadores para que voten contra la apertura del juicio político, algo que parece improbable a la luz del resultado de la votación en la cámara baja.

Si pierde en el Senado, Rousseff será apartada temporalmente del poder durante 180 días mientras es juzgada por la cámara alta, y el opositor vicepresidente Michel Temer, acusado por el gobierno de “conspirador”, asumirá las riendas de Brasil.

Si dos tercios del Senado votan a favor de la destitución de Rousseff, Temer ejercería la jefatura del Estado hasta 2018, aunque algunas voces piden la celebración de elecciones generales en una de las mayores democracias del planeta.

En la sesión plenaria Rousseff y Lula estuvieron en el centro, pero el propio presidente de la cámara baja, el conservador Eduardo Cunha, impulsor del juicio político, está acusado por la fiscalía brasileña de participar en la trama de corrupción de la estatal Petrobras.

“¡Bandido, ladrón, canalla! ¡Qué país es este! Un tipo que debería estar en la cárcel quiere echar a una presidenta que es una mujer honrada”, dijo Silvio Costa, del Partido Laborista de Brasil.

Luego de conocer el resultado de la votación, el defensor de la mandataria, José Eduardo Cardozo, señaló que Rousseff “no renunciará” y seguirá “luchando hasta el final” por salvar su mandato. Asimismo, expresó “indignación y tristeza” por la aprobación del proceso de juicio político contra la mandataria.

(Con información de Notimex)