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Viajar en pareja es una de las principales cosas que todos deberían de intentar antes de dar el siguiente paso en su relación, pero esta experiencia puede ser estresante o placentera, según cómo pueda cada uno afrontarlo y las ganas que tengan de hacerlo.

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Un viaje es una de las cosas que harán que la relación se estreche más, pero además, ayudará a que ambos se conozcan completamente y puedan darse una idea de lo que podría ser una vida juntos; sin embargo, esta enriquecedora etapa puede convertirse en toda una pesadilla.

Es sencillo compartir las partes divertidas de un viaje. Salidas nocturnas, cenas en restaurantes y excursiones matutinas, pero, ¿y el resto del tiempo? ¿Cómo reaccionamos ante una compañía permanente durante las 24 horas del día si no estamos acostumbrados a ella?

La convivencia es el verdadero test de compatibilidad y si la pareja no ha tenido la experiencia de vivir junta aún, compartir la habitación en un hotel probablemente sea el primer desafío, pues no hay trabajo, escuelas, trámites o salidas por separado con amigos para limitar el tiempo juntos.

Además, la convivencia en vacaciones implica una negociación constante. Viajando solo, uno puede darse el lujo de limitarse a hacer esas cosas que más nos gustan, pero viajar con otro significa también visitar lugares que en principio pueden no interesarnos. Eso le dará un factor sorpresa a los días fuera de casa, pues se podrán conocer cosas nuevas e inesperadas.

Pero si en un viaje se empieza complaciendo, habrá que terminar complaciendo. Hay que tratar entonces de que todas las decisiones se tomen en conjunto y que cubran las necesidades de ambos. Hay que darle tiempo a todo, a las compras, a las actividades al aire libre, a las comidas. Si hay alguna actividad que no le guste a alguno, hay que aprender a ceder pero siempre de manera inteligente y justa.

También, una buena manera de llevar la convivencia es repartiendo las tareas, es decir, si a alguien le gustan las fotos, que sea quien se encargue de retratar las memorias; y si al otro se le dan mejor los números, que sea quien administre los recursos.

Si surge algún imprevisto tipo la reserva del hotel no aparece, se retrasa el vuelo, se canceló el tour o el clima no permite tan deseado crucero, ¡qué no cunda el pánico! Antes de que empiecen a apoderarse de nosotros los sentimientos de enojo e impotencia que arruinen el viaje, hay que respirar y pensar frío. Proponer soluciones y platicarlas es buena opción, además que será otra prueba para saber si son la pareja perfecta. Luego los problemas se pueden llegar a convertir en las mejores anécdotas de viaje si se toman con buena actitud.

El tema que es más delicado es el dinero. Si somos una pareja moderna y el viaje lo pagamos ambos, se puede hacer una colecta. Antes de iniciar el viaje, se puede poner la misma cantidad de dinero, para evitar más adelante el famoso “luego hacemos cuentas” y todo será más parejo. Cuando se vaya agotando la colecta, se puede volver a poner la misma cantidad y listo.