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Gianluigi Nuzzi, autor del libro que desató el escándalo “vatileaks 2” y está imputado en un juicio en los tribunales civiles pontificios, argumentó hoy que actuó porque varias fuentes le dijeron que las reformas del Papa a las estructuras financieras de la sede católica corrían peligro.

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En su declaración ante los tres jueces que llevan su caso, reveló que decidió escribir el libro “Vía Crucis”, tras las revelaciones que le hizo el clérigo español y exsecretario de la Prefectura para los Asuntos Económicos de la Santa Sede, Lucio Ángel Vallejo Balda.

“Hemos descubierto de todo y nada ha cambiado”, habría dicho Vallejo a Nuzzi en una de sus conversaciones privadas. “Debajo de cada ladrillo que se alza en el Vaticano hay una cosa que no va”, agregó el periodista, refiriendo los dichos del sacerdote.

Citó que la convicción del entonces secretario era que en la Curia Romana se mantenían extendidos los “negocios turbios” y que diversos intereses pretendían desviar el impulso reformador llevado adelante por Jorge Mario Bergoglio.

Reveló haber conocido a Vallejo Balda en marzo de 2015 gracias a Francesca Immacolata Chaouqui, la agente de relaciones públicas que también está imputada en el juicio, pero calificó a la mujer como “bipolar”, “poco confiable” y capaz de causar “muchos problemas”.

Tanto el sacerdote como la mujer formaron parte de la COSEA, la comisión establecida por el Papa Francisco en 2013 para estudiar la estructura financiera del Vaticano y proponerle las reformas a aplicar.

Nuzzi agregó que Chaouqui pretendía obtener un puesto dentro de la sede católica, en la nueva Secretaría de la Comunicación, pero rechazó haber presionado con ella a Vallejo Balda para que éste le entregara documentos confidenciales.

Precisó que mantuvo una relación cordial con el clérigo, con quien sostuvo varios “encuentros fraternales” en almuerzos y cenas.

En una de esas reuniones, Vallejo le escribió en su libreta la dirección personal de su correo electrónico y la contraseña de acceso, para que él mismo ingresara y sustrajera los documentos vaticanos. Luego le envió una lista de 85 claves que daban acceso a cada uno de los papeles reservados.

Visiblemente nervioso, Nuzzi se excusó en algunos pasajes de su testimonio por su estado de confusión y confesó: “No es fácil estar en esta silla”.

En otro momento afirmó que el clérigo español le indicó una lista de problemas en las finanzas vaticanas, las cuales –según el presbítero- estaban “fuera de control” y que, no obstante se tomasen medidas, “los problemas no se resolvían nunca”.

El periodista se dijo impactado al saber que una caja fuerte donde se custodiaban documentos sensibles y ubicada dentro de un edificio vaticano fue abierta con un soplete, mientras un armario blindado y el portón de la casa del propio Vallejo habían sido violentados.

Y sostuvo que, de repente, el exsecretario le llegó a mandar mensajes de texto con frases como: “Vaticano guerra abierta”, “Dios mío es el fin del mundo”, “todos quieren controlar la prefectura”, “buscan desacreditar a los que tienen la confianza del Papa” y “no soy un delincuente”.

Explicó que todos estos elementos le llevaron a la conclusión de que se encontraba ante una historia desconocida y que era relevante para la sociedad.

Afirmó que no tenía la sensación de que los informes filtrados fuesen secretos porque muchos de ellos estaban destinados a la destrucción y justificó su publicación porque, abundó, “los privilegios de algunos no pueden ser secreto de Estado”.

Con el interrogatorio a Nuzzi concluyó la etapa de la toma de testimonios a los imputados. Además del periodista, Chaouqui y Vallejo Balda, también están acusados de robo y filtración de documentos reservados Emiliano Fittipaldi, autor del libro “Avaricia” y Nicola Maio, exsecretario del clérigo español.

El proceso será retomado el próximo 26 de abril con la comparecencia de los testigos, entre los cuales han sido convocados algunos cardenales de primer nivel.

(ntx)