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Por la arquitectura, las exposiciones y por sus murales, visitar el Palacio de Bellas Artes es una experiencia única e inigualable. Una de estas grandes obras de arte es “Nueva Democracia”, de David Alfaro Siqueiros.

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En 1944, Siqueiros recibió el encargo de pintar un mural al interior del recinto artístico. Para conmemorar la victoria aliada sobre el Eje Berlín-Roma-Tokio, el pintor decidió añadir dos nuevos tableros que acabarían formando el tríptico que ahora conocemos, conformado por “Nueva Democracia”, “Víctimas de la guerra” y “Víctimas del fascismo”.

El panel central de este conjunto está estructurado a partir de una representación alegórica de la libertad: una mujer encadenada con el torso desnudo y los brazos extendidos, que lleva una flor en la mano izquierda y una antorcha en la otra; la cabeza coronada por un gorro frigio, emblema de libertad en la Revolución francesa. De la costilla de la mujer sale otro brazo, una mano empuñada, el triunfo contra el fascismo y abajo se ve un soldado alemán muerto.

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El panel de la izquierda plasma la violencia sobre dos cuerpos cercenados: el hombre muerto, la víctima de la guerra, caído de espadas entre despojos humanos.

Al lado derecho, se encuentra una escena que presenta un hombre maniatado, con señales de tortura, caído de bruces, una imagen que se ha pensado como un hombre esclavizado por la ideología.

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La composición de los tres tableros corresponde a la idea del artista sobre la plástica pura, es decir, una manera de pintar que debía romper los límites del cuadro para convertirse en una suerte de superficie dinámica que pudiera satisfacer la visión del que llamaba el espectador móvil; aquel que no tiene un punto de vista estático, sino que se mueve y observa la obra desde distintos ángulos.