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En la esquina de República de Chile y República de Cuba, justo sobre la placa de la nomenclatura, otra nos informa que en el pasado remoto ese tramo fue conocido como la “calle del Esclavo”, de la cual hay dos leyendas.

calle del esclavo 3

La primera historia cuenta que la casa con número 11 de la calle, pertenecía a los señores Medinas y Torres. En el fondo había habitaciones para sus criados y en ellas vivía un esclavo. Sus buenos servicios y bondades le valieron su libertad y además le dejaron para toda su vida el uso de aquellas habitaciones, abriendo una salida por un zaguán hacia la calle llamada “del esclavo”.

La otra historia sucedió en los tiempos de la Independencia. Había un esclavo negro, muy alto y musculoso que se alistó en el ejército que combatía a las huestes de Hidalgo y Morelos, ya que servía a amos españoles.

En una de las derrotas de los españoles, aquel negro cayó prisionero de los ejércitos que dirigía en el sur Morelos y Pavón y llevado a su presencia, éste le preguntó por qué luchaba contra los insurgentes que buscaban precisamente la libertad de la nación y la libertad de los esclavos. A lo que el negro respondió: “Nací esclavo y moriré esclavo… poco me importa la libertad…”.

calle del esclavo 1

Se dice que Morelos lo mandó a ejecutar, por considerar indigno de vivir a alguien que renegaba de la libertad. El esclavo, en la agonía, se incorporó y dijo: “los hombres como yo, de mi raza, nunca mueren del todo; ya nos veremos otra vez en el palacio de mis amos”.

Años después, cuando las tropas insurgentes se encontraban en la Ciudad de México, uno de los oficiales apellidado Robledo, junto con otros soldados, se hospedaba en una casa que tenía el aspecto de un palacio semiderruido, ubicada en una de las calles principales de la ciudad. A eso de la medianoche, Robledo se estremeció al sentir una mano fría y pesada que le tocaba uno de sus hombros. Valiente, saltó de la cama, sacó su espada y se defendió del intruso que lo había despertado; sin embargo, se quedó perplejo al contemplar frente a él al enorme esclavo que él mismo había visto morir en las sierras del sur.

El oficial llamó a sus hombres y persiguieron al negro por toda la casa, pero él subió a una columna y alzando sus manos encadenadas, dio un salto al vacío y desapareció.

Desde entonces, la calle en la que se alzaba el palacio se llamó “la calle del esclavo”.