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María Félix estuvo dotada de una enigmática belleza latina, entre la devoradora de hombres y el ideal de la beldad inalcanzable, y representó como nadie el arquetipo de la mujer fatal.

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Altiva, arrogante, mito y misterio. Nadie sabrá si la Félix era como su personaje, o si la creación del mismo le prohibió mostrarse como realmente era.

Se atrevió a decir cosas que pocos eran capaces de concebir. Enfundó su vida en un sinfín de frases que fuera de ser polémicas, fueron representativas. Su inconfundible estilo al hablar y su forma tan elegante de embellecer sus opiniones con un toque de realidad, hicieron que pocos la cuestionaran.

María se dio el lujo de morir el mismo día en que nació, un 8 de abril de 1914 y 2002. Como mujer y para esculpir su figura de diva, inspiró a artistas de la talla de Agustín Lara y Diego Rivera, y marcó lo que se conoció como la “Época Dorada” del cine mexicano.

“La Doña” se instaló en la memoria de México gracias a una filmografía de casi 50 películas, donde interpretó a mujeres fuertes, capaces de imponerse ante la figura del macho mexicano de su época, pero también logró que su historia trascendiera la pantalla grande. Incluso al retirarse de la actuación se encargó de que su nombre se asociara con los elementos que construyen a una diva al estilo de Greta Garbo, Marlene Dietrich o Marilyn Monroe.

Aunque ella no tuvo una formación como actriz, contó con la ayuda de grandes directores para explotar su capacidad de encarnar el personaje de mujer “aplastante” que se le encomendaba, la “súper hembra” que emplea sus atributos para enloquecer a los hombres, manipularlos y despreciarlos.

Su nombre estuvo en boca de los cinéfilos de España, Francia, Italia y Argentina. María explotó y disfrutó al máximo su estatus de estrella internacional, rechazando proyectos de Hollywood. Ha sido una de las pocas artistas mexicanas que alcanzó el éxito en otros países, en su caso principalmente en España y Francia, donde filmó 11 coproducciones italo-francesas, italo-alemanas y españolas.

Amante del lujo, las joyas, los viajes, la fiesta brava y las relaciones con los intelectuales y el poder, su estilo personal ha sido sinónimo de elegancia y buen gusto. Grandes marcas en el mundo de la moda diseñaron para ella, algunas como Dior, Balenciaga y Hermes.  Su relación con la marca de joyas Cartier fue tal que le diseñaron un collar inspirado en un cocodrilo con el que María entró a la tienda en Nueva York.

Por todo esto, la fantasía mezclada con la realidad siempre va a rodear a la figura de María Félix. Siempre se va a encontrar un punto en que estos dos conceptos se unan formando uno. Sin duda alguna, María Bonita fue, es y será un icono de la cultura mexicana.