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Vigente en la memoria colectiva, tanto como en la de los galeristas, escritores e investigadores, Leonora Carrington fue creadora de trazos que no siguen un razonamiento lógico, pero que descubren la verdad en imágenes que expresan las emociones.

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Nacida el 6 de abril de 1917 en Lancashire, Inglaterra, Carrington desarrolló un lenguaje artístico determinado por diversos temas como el mito céltico, el simbolismo alquímico, el gnosticismo, la cábala, la psicología junguiana y el budismo tibetano.

Creció en una gran mansión y a los cuatro años comenzó a dibujar, fascinada por las historias de su niñera irlandesa sobre la naturaleza y las criaturas fantásticas. Al no sentir que pertenecía a la sociedad en la que su familia se desenvolvía, creo su propia realidad y a los 20 años, se enamoró del artista Max Ernst, con quien huyó a París, donde se vio inmersa en el movimiento surrealista.

Al comenzar la Segunda Guerra Mundial, Ernst fue tomado como prisionero y Leonora tuvo un colapso nervioso, por lo que fue llevada a Madrid donde eventualmente terminó en un hospital psiquiátrico. Más tarde, Carrington logró escapar y encontró refugio en la embajada mexicana en Portugal, donde conoció a Renato Leduc, quien le ofreció un matrimonio por conveniencia para poder traerla a México.

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Leonora Carrington llegó a México con un cúmulo de experiencias y vivencias, tanto de vida como de los sucesos por los cuales transitaba el mundo. Fue aquí donde restableció sus vínculos con otros artistas exiliados como André Breton, Benjamín Peret, Alice Rahon, Wolfgang Paalen y la pintora Remedios Varo, con quien mantuvo una amistad duradera.

La pintora, escultora, grabadora, escritora, dramaturga y escenógrafa, desde pequeña estuvo familiarizada con los mitos celtas, muy presentes en sus cuadros y obras de teatro.

Su primera exhibición individual en 1950 fue aclamada por la crítica y por el público. Leonora fusionó sus ideas sobre la alquimia con la posición de la mujer en el mundo, y con las tradiciones espirituales y culturales de nuestro país, ya que desde que llegó a México, se enamoró profundamente de su cultura y de su gente.

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Fungió como mentora, tanto artística, como espiritualmente para muchos reconocidos artistas extranjeros y de nuestro país. Asimismo, recibió múltiples reconocimientos por su obra, la cual exhibió en numerosas muestras. La artista permaneció en México hasta su muerte a los 94 años de edad en 2011.