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“Huérfanos digitales” es un nuevo concepto con el que se designa a padres ausentes por su interés en relacionarse con las nuevas tecnologías, o bien, aquellos que ponen mayor atención a sus aparatos tecnológicos que a sus propios hijos.

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Aunque la tecnología ha llegado para cambiar y facilitar gran parte de nuestra vida, existe este problema en el aspecto social y familiar.

Gran parte del ausentismo en padres se basa en dos sectores poblacionales: aquellos que nacieron en la década de los 60 o 70 y aún no se encuentran empapados de los medios tecnológicos y quienes, junto con el avance de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, mejor conocidas como TICS, emergen de la tecnología.

Estos últimos, al parecer, satisfacen su necesidad de interacción a través de un dispositivo, en vez de tener una relación o charla cara a cara con sus propios hijos.

Hoy día, la familia pasa más tiempo en una red social, que teniendo una plática con sus propios hijos o familiares.

Involucrar el diálogo, la parte empática y afectiva de los padres con los hijos ha ido decreciendo, llevándonos a esta nueva generación que son los huérfanos virtuales o esclavos de ella.

Ante ello, es preciso que la interacción familiar rescate valores como la comunicación, las actividades juntos, la empatía, el afecto, el abrazo, el compartir la comida.

Aunque hoy en día se ha vuelto imprescindible poner la tecnología al alcance de todos, es importante no volverse dependientes o esclavo de ella. La tecnología es un apoyo, no la única vía de comunicación.

Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) detallan que el celular es la TIC que ha aumentado su uso un 70 por ciento en los últimos años, y es que el abuso de herramientas como teléfonos inteligentes, tabletas, o computadoras conlleva a una adicción.

Si desde pequeños se les inculca a los hijos el uso excesivo de estos aparatos, en el futuro tendrán problemas adictivos al uso de tecnologías.

El INEGI además especifica que el uso del Internet para entretenimiento está por encima de su uso para fines educativos; del 70 por ciento, un 36.2 corresponde a éste, mientras que el uso en educación es del 35.1.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el uso desmedido de estos aparatos puede tener gran repercusión en los niños, provocándoles déficit de atención, poca capacidad de retención, problemas de aprendizaje e hiperactividad.

El abuso y mayor interés hacia medios tecnológicos por encima de la familia más cercana puede ocasionar problemas futuros; dejar atrás las actividades físicas, la lectura, el interés de aprender cosas nuevas, puede ser un grave error.

¿Cuantos padres vemos en la calle caminando con su teléfono e ignorando a sus hijos pequeños? ¿Cuántos no tienen un grupo de Whatsapp familiar? Esto no debería ser el común denominador, las personas necesitamos de afecto para sentirnos queridos, no ausentes.