Seleccionar página

Los genes no tienen la última palabra a la hora de determinar si una persona va a sufrir o no depresión. El ambiente también es un factor importante y la crianza puede anular la predisposición escrita en el ADN, según un estudio realizado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Northwestern.

depresion sueno 4

En el estudio, llevado a cabo con roedores, extrapolable a nuestra especie, los investigadores querían ver si podían alterar la depresión originada por predisposición genética cambiando el entorno donde se criaban las ratas. Utilizaron un modelo de rata para la depresión que es biológicamente equivalente al humano. La inclinación a la depresión de estos roedores se había favorecido a lo largo de 33 generaciones.

Para intentar burlar a los genes, los investigadores pusieron a las ratas deprimidas en jaulas grandes con un montón de juguetes nuevos para que pudieran explorarlos, así como lugares donde esconderse y trepar. En esta especie de “Disneylandia murina”, los roedores permanecieron durante un mes, un buen periodo de tiempo, si se tiene en cuenta que suelen vivir entre uno y dos años.

Después de ese mes estimulante, las ratas tuvieron que pasar la prueba del tanque de agua, que sirve para medir la depresión desde el punto de vista conductual. Las ratas del grupo control, sin predisposición genética a la depresión, nadaron alrededor del tanque buscando la forma de escapar. Por el contrario, las ratas deprimidas simplemente se limitan a flotar sin un plan concreto. Un comportamiento que refleja su desesperación.

hombre en depre

La segunda parte del experimento demostró cómo un ambiente monótono puede llevar a la depresión. Para averiguar si el estrés ambiental podría desencadenar la depresión en las ratas control sin predisposición ni depresión, las sometieron a una situación psicológicamente estresante: dos horas de aislamiento e inmovilización al día durante dos semanas.

Después de ese tiempo, las ratas de control mostraron un comportamiento depresivo cuando se les colocaba en el tanque de agua. Ahora simplemente flotaban, pero no trataron de escapar. El estrés se reflejaba también en algunos de los biomarcadores sanguíneos para la depresión, que se alejaron de los niveles observados en los roedores no deprimidos y se aproximaron a los de las ratas genéticamente deprimidas.

El siguiente paso, explican los investigadores, será averiguar si los biomarcadores sanguíneos alterados son los causantes de ese comportamiento poco adaptativo en respuesta a los desafíos del entorno.