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El mundo del fútbol llora a uno de sus más grandes exponentes.

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Después de una lucha contra el cáncer de pulmón, este jueves murió la leyenda Johan Cruyff, exfutbolista emblema del Barcelona y del seleccionado de su país, a los 68 años.

Fumador empedernido, Cruyff ya había tenido serios problemas por el tabaco. Le diagnosticaron cáncer de pulmón el pasado mes de octubre. Desde entonces estaba sometido a un tratamiento para luchar contra la enfermedad.

Hace apenas un mes Cruyff hacía referencia a esa batalla con unas palabras que hoy suenan amargas: “Creo que voy ganando al cáncer por 2-0”. En los últimos días su salud había empeorado considerablemente hasta que después de un viaje a Oriente Medio empezó a sentirse mal.

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Durante su etapa como entrenador del Barcelona, a principios de la década de los noventa, el holandés sufrió un infarto derivado de su adicción y debió ser intervenido a corazón abierto. Desde entonces dejó de fumar y protagonizó varias campañas contra el tabaco. De manera obligada, reemplazó su vicio por paletas para seguir dirigiendo al equipo y calmar la ansiedad.

Cruyff ganó tres veces la Copa de Europa, una Supercopa y una Intercontinental como jugador de Ajax, y una vez como técnico del Barcelona. Fue elegido tres veces como el mejor jugador del continente y, en 1999, fue seleccionado como el mejor futbolista europeo del siglo XX. Su inmensa calidad se vio recompensada en ese periodo a nivel internacional con tres Balones de Oro al mejor jugador europeo (1971, 1973 y 1974).

Formado en la escuela del Ajax, Cruyff siempre destacó con la pelota entre los pies. Quemó etapas a una velocidad de vértigo y se asentó en un equipo profesional que pronto sería la envidia de Europa por su juego un tanto anárquico pero definitivo porque todos hacían de todo. Así, a las órdenes de Rinus Michels, el que es considerado su padre futbolístico, en cuanto a idea y desarrollo del concepto del juego, fascinó al deporte con su “fútbol total”. La táctica revolucionó el deporte, y luego fue aplicada por Cruyff en su época como entrenador.

Nadie duda de que Cruyff es uno de los mejores futbolistas de la historia, galardón que comparte con figuras como Pelé, Di Stéfano, Maradona y Messi, entre otros. Parte de ese reconocimiento le llegó con la selección holandesa. Fue, sobre todo, en el Mundial de 1974, cuando se les bautizó como “La Naranja Mecánica” por la extensión del fútbol que practicaba el Ajax. Aunque perdieron en la final ante Alemania, quizá es la derrota más triunfadora que hay en el mundo del fútbol.

Después de diez temporadas, Cruyff se convirtió en el líder de un equipo de talento que devolvió la alegría al Camp Nou. Inteligente y con una depurada técnica, contribuyó a devolver al equipo blaugrana al primer plano futbolístico y acabó con catorce años de sequía del Barça en la Primera División, al conquistar un título de Liga en 1974, y una Copa del Rey, donde agrandó su leyenda.

Su carrera como futbolista se prolongó hasta 1984 después de pasar también por el fútbol estadounidense y el Levante, para retirarse de forma definitiva en su país con el Feyenoord de Rotterdam, contando ya con 37 años. En la que fue su última temporada consiguió hacer doblete, ganando la Liga y la Copa, además de ser designado como mejor jugador de la Eredivisie. Su carrera como jugador no pudo terminar de manera más triunfal.

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Enseguida dio el paso a los banquillos. De nuevo fue el Ajax, el club que le dio su primera oportunidad. Allí aplicó esa forma tan particular que tenía de ver y practicar el fútbol.

Tras ganar la Recopa en 1988, repitió el trayecto que ya había realizado como jugador y llegó al Barcelona, donde permaneció hasta 1996. Entre sus logros, estuvo la primera Copa de Europa del equipo blaugrana, conseguida en 1992. Fue un revolucionario de los banquillos; sus métodos y su fuerte carisma forjaron el famoso “Dream Team” del Barça, el comienzo de un estilo propio que continuaron después Rijkaard y Guardiola, y que hoy sigue explotando.

El físico espigado de Cruyff ocultaba un sorpresivo talento atlético, velocidad impredecible y agilidad para controlar el balón y eludir oponentes, pero su verdadero genio estaba en su visión y en su mente, con un instinto para el juego casi inigualable.