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La fabricación de productos electrónicos ha crecido en los últimos años debido a los nuevos diseños que reducen la vida útil de los artículos. Este recambio genera grandes cantidades de desperdicios que exigen un tratamiento diferenciado de la basura tradicional porque contienen sustancias peligrosas para la salud y el ambiente.

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En la producción se utilizan compuestos como el cromo, el cadmio, el mercurio, el plomo, además de los retardantes de flama, todos altamente tóxicos persistentes que no se degradan con facilidad en el ambiente.

La cara menos amable del avance tecnológico se manifiesta en un crecimiento exponencial de los desechos electrónicos, pues se calcula que cada año se generan en el mundo cerca de 50 millones de toneladas de este tipo de basura, lo que equivale a siete kilogramos por persona.

Según la iniciativa Step de la ONU, México es el tercer país que más basura electrónica genera en toda América, ya que se producen entre siete y nueve kilogramos de desechos por persona al año.

Al tener 120 millones de habitantes, el territorio mexicano llega a generar un estimado de entre 840 y mil 80 toneladas de basura anualmente, cifra que sólo se encuentra debajo de lo que producen Estados Unidos y Canadá.

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Desde el 2010 ha crecido la cantidad de basura que cada persona produce, ya que antes existía un promedio de entre tres y cinco kilogramos de desechos por habitante, según datos del Instituto Nacional de Ecología.

Se estima que para el 2015 se habían tirado aproximadamente unas 900 mil toneladas de equipo, lo que equivaldría a llenar una vez la plancha del Zócalo capitalino por año y, de continuar esa tendencia, cada dos años podría atiborrarse el Estadio Azteca, un problema que diluido en el ámbito nacional no se nota, pero son desechos que pueden llegar a contaminar los mantos freáticos y los hábitats.

Además, en México no hay cultura del reciclado, al no existir formas limpias de recolección, almacenamiento y recuperación de basura electrónica a través de procesos de reciclamiento que no contaminen, permitiendo que los consumidores terminen desechando sus equipos sin control.