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Te cuidas, te arreglas, procuras estar al tanto de lo que se lleva y lo que no, y notas que a veces algo falla. Existen pequeños hábitos, comportamientos o formas de actuar a las que no solemos dar importancia pero que hacen que resultemos mucho menos atractivos.  

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Quizá algunas de ellas te resulten tan obvias que no te sorprendan, pero lo cierto es que estas cosas están comprobadas que resultan poco atractivas, tanto para ellos como para ellas, y consiguen rápido eliminar el interés por ti, seas como seas.

Morderte las uñas de forma compulsiva

¿Alguna vez te han hecho una fotografía sin que te dieras cuenta mientras te mordías las uñas? Si nunca te ha pasado, pide a alguien de tu entorno que lo haga. El resultado te dará de bruces con la realidad. Las caras que pones cuando, de forma inconsciente, te muerdes las uñas son un horror, por no hablar de lo poco saludable que resulta esta práctica desde el punto de vista de la higiene.

Reventarte los barritos

Sabemos que es asqueroso comprobar de repente que tienes una espinilla, de esas blancas, relucientes, o casi amarilla si ya lleva un tiempo. En cuanto te la ves, no puedes pensar en otra cosa que en eliminarla de inmediato, pero ¿de verdad tienes que hacerlo delante de todo el mundo? No importa que sea en los brazos, en las piernas o en la cara, es igualmente desagradable.

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Usar ropa interior que no es de tu talla

Se nota y se siente. Además de que no estarás demasiado cómoda, la ropa te sentará peor si se marca mucho la costura de la tanga o del brasiere. Y no sólo eso, sino que hará que las formas de tu cuerpo estén distorsionadas y te restará atractivo a la hora de moverte.

Ropa inadecuada para cada ocasión

Salir a correr con ropa que no es la adecuada para ello, acudir en plan sport a una cita o a un evento que requiere un dress code y hasta llevar unos zapatitos monos o sandalias estupendas con taconazo cuando te vas de picnic, puede ser algo que te quite atractivo. Arreglarse conforme a la actividad, el entorno o la situación es mucho más eficaz que llevar siempre tacones, por muy estilizada que te veas.

Descuido al hablar 

Aunque no lo creas es bastante común, a veces creemos que hablar a gritos, llamar la atención cuando llegas a un sitio, decir palabrotas a todas horas o rascarse sin sentido nos empodera de alguna manera, pero nada más lejos de la realidad. No estamos diciendo que exista un comportamiento de “ellos” o de “ellas”, pues esto es aplicable tanto para hombres como para mujeres.

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¿Cómo te sientas? ¿Cómo caminas? ¿Cuál es tu postura cuando estás de pie? 

Estas son preguntas más importantes de lo que parecen. La postura corporal es una de las grandes descuidadas y, sorprendentemente, influye de forma decisiva en la opinión que el resto tiene de nosotros. Sentarse con un exceso de relax, con las piernas abiertas, de modo que te inclines sobre la silla de la oficina con cierta dejadez echa por tierra todo tu atractivo, así como arrastrar los pies al andar, caminar con las piernas muy abiertas o los pies para afuera.

Criticar, despreciar y olvidar las normas de educación

¿De verdad es tan difícil decir ‘buenos días’ por las mañanas o ‘que pases buena tarde’ cuando te despides de alguien? No hay nada que resulte tan atractivo como una sonrisa. Es una puerta al alma, sin duda. Una actitud positiva y constructiva resulta muchísimo más atractiva que estar pendiente de los demás sólo para criticarles.