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Las nuevas familias que tienen hijos de un primer matrimonio, tanto por parte del padre como de la madre, suponen un reto para los menores y los adultos.

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El anuncio de un nuevo matrimonio de uno de los progenitores significa para el niño la separación definitiva de la pareja parental. Por ello, se puede mostrar celoso y agresivo, o triste, incluso, encerrado en sí mismo, algo que a largo plazo se le pasará y que le llevará, en muchos casos, a vivir una nueva y mejor situación familiar.

Lo que parece evidente es que el divorcio constituye una liberación para algunos padres y la oportunidad de volver a comenzar con una nueva pareja, pero ¿esto supone también una nueva oportunidad para el hijo?

Al niño le puede venir muy bien que su madre o su padre formen una nueva familia. El sufrimiento psicológico es menor, pero para ello es necesario que los padres y madres verdaderos y sus compañeros respectivos respeten ciertas reglas del juego de dos familias.

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Qué podemos hacer

– Al niño hay que explicarle la situación y, cuando se presenta a la nueva pareja, decir: “Ahora vas a vivir tú también con Diego, que, por supuesto, no es tú papá, pero sí mi nuevo compañero”.

– El padrastro y la madrastra tienen que reconocer el lugar y la función del padre o la madre oficial, y demostrar que el niño tiene absoluto derecho a hablar de su padre o de su madre. Si es preciso, el teléfono y el álbum de fotos están ahí para poder recordarlo cuando quiera.

– Incluso, si el niño no conoce a su propio padre o madre, conviene informarle para que sepa que existe o que existió por las historias que de él le cuente su familia.

La situación es tan compleja que al principio hasta se puede preguntar cómo deberá llamarnos nuestra hijastra o nuestro hijastro. Todo depende tanto de la edad como del propio niño. Antes de los tres o cuatro años, los más pequeños tienen la tentación de llamarle a todo el mundo papá o mamá. Esto no debería plantear ningún tipo de problema, a condición de que el niño sepa quiénes son sus verdaderos padres. Esta fase es transitoria, porque sin duda llegará otro período en el que llamará a la nueva pareja de su padre o su madre por su nombre de pila.

Por lealtad con el progenitor ausente, el niño puede mostrar oposición. Está en su derecho y hay que respetarlo. Con el tiempo comprenderá que puede querer a la compañera de su padre sin serle infiel a su madre.

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Para evitar errores

– No hay que excederse intentando conquistar a la hija o hijo del nuevo compañero. Ni demasiado colegas, ni demasiado distantes; mucho menos comprarlo/a con regalos.

– Habrá que explicarle que en la casa de su madre/padre puede hacer lo que quiera, pero que en tu casa tiene que comportarse de otra forma.

– Hay que evitar ser impaciente. Es necesario saber esperar. Respeta el tiempo necesario para que la niña o el niño se adapten a ti y lleguen a adoptarte.