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Considerado una de las figuras cumbre de la música del Barroco y uno de los más influyentes compositores de la música occidental y universal, Georg Friedrich Händel es el primer compositor moderno en haber adaptado y enfocado su música para satisfacer los gustos y necesidades del público, en vez de los de la nobleza y de los mecenas como era habitual.

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Nacido el 23 de febrero de 1685, fue contemporáneo de Johann Sebastian Bach, aunque difícilmente podrían hallarse dos compositores más opuestos en cuanto a estilo y aspiraciones. Händel representa no sólo una de las cimas de la época barroca, sino también de la música de todos los tiempos.

Músico prolífico como pocos, su producción abarca todos los géneros de su época, con especial predilección por la ópera y el oratorio, a los que, con su aportación, contribuyó a llevar a una etapa de gran esplendor.

Oponiéndose a los deseos de su padre, quien pretendía que siguiera los estudios de derecho, la carrera de Händel como músico comenzó en su Halle natal, donde tuvo como profesor al entonces célebre Friedrich Wilhelm Zachau, organista de la Liebfrauenkirche; fue tal su aprovechamiento que en 1702 fue nombrado organista de la catedral de su localidad y un año más tarde, violinista de la Ópera de la corte de Hamburgo, donde entabló contacto con Reinhard Keiser, un compositor que le introdujo en los secretos de la composición para el teatro.

El músico emprendió un viaje a Italia que había de tener especial importancia, ya que le dio la oportunidad de familiarizarse con el estilo italiano e introducir algunas de sus características en su propio estilo, forjado en la tradición contrapuntística alemana.

En 1710, de regreso en Alemania, fue nombrado maestro de capilla de la corte del Elector de Hannover, puesto que abandonó al final de ese mismo año para trasladarse a Inglaterra, donde pronto se dio a conocer como autor de óperas italianas.

Estos años fueron de gran prosperidad para Händel, pues sus óperas triunfaron en los escenarios londinenses sin que los trabajos de autores rivales como Bononcini y Porpora pudieran hacerles sombra; sin embargo, a partir de la década de 1730, la situación cambió de modo radical: las intrigas políticas, las disputas con los divos, la bancarrota de su compañía teatral y la aparición de otras compañías nuevas, hicieron que parte del público que hasta entonces lo había aplaudido le volviera la espalda.

A partir de ese momento, volcó la mayor parte de su esfuerzo creativo en la composición de oratorios, como “El Mesías” en 1741, la obra que más fama le ha reportado. Con temas extraídos de la Biblia y textos en inglés, los oratorios constituyen la parte más original de toda la producción del compositor y la única que, a despecho de modas y épocas, se ha mantenido en el repertorio sin altibajos significativos.

Los últimos años de vida del compositor estuvieron marcados por la ceguera originada a consecuencia de una fallida operación de cataratas. A su muerte fue inhumado en la abadía de Westminster junto a otras grandes personalidades británicas.