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Todos conocemos a algún emprendedor que trabaja los siete días de la semana, más de 10 horas al día. Quizá incluso tú seas uno de ellos. 

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Tu vecino o tus propios amigos posiblemente padezcan este mal laboral que aqueja a la sociedad contemporánea. Sin embargo, si conoces a alguien así o tú mismo tienes este vicio empresarial, hay buenas noticias. La primera es que, definitivamente, dedicar el 100 por ciento de tu vida a tu empresa no es sinónimo de buenos resultados. La segunda es que hay una salida para que comiences a disfrutar más de tu vida personal.

Por lo general, existen dos tipos de adictos a vivir sumergidos en su negocio. Algunos trabajan en el horario normal y se llevan toneladas de pendientes a casa, donde siguen solucionando cosas hasta altas horas de la noche. Estas personas son los “adictos al trabajo de clóset”, aquellos a los que sus vecinos ven llegar y salir en horarios regulares. Pero no tienen idea de que, cuando todos los demás están viendo una serie de televisión o cenando con la familia, estos individuos están ocupados con los problemas de su empresa.

El segundo tipo es el “dueño enajenado con su negocio”. Este tipo de empresario sencillamente no siente vergüenza alguna de las largas jornadas que pasa trabajando y no oculta nada a sus vecinos, amigos ni parientes. Labora todos los días de la semana, y sólo hace una pausa cuando la familia amenaza con desconocerlo.

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A pesar de lo diferentes que estos dos tipos de workaholics podrían parecerte, en realidad son iguales, pues su comportamiento se rige por las mismas causas. A algunos les parece que el rendimiento de su empresa es marginal y se declaran imposibilitados para contratar los asistentes que necesitan, en tanto que a otros les falta confianza en su propia habilidad para entrenar a quienes pudieran mitigar su carga de responsabilidades.

Hay quienes, incluso, han tenido una larga lista de asistentes, pero se han hartado de entrenar gente nueva. Y, por supuesto, todos hemos conocido al perfeccionista que siente que sólo él puede hacer el trabajo como se debe.

El negocio con rendimientos marginales no es excusa. Quizá tu empresa sea pequeña y, a pesar de ello, emplee a varias personas. Tú, como dueño, simplemente no puedes concebir contratar a alguien que mitigue la carga de tareas. La solución es mirar el panorama inmediato, en vez de ver el contexto completo.

Por otra parte, existe el caso de que no puedas contratar a un administrador de tiempo completo, pero a lo mejor puedes hacerte de los servicios de alguien que trabaje en un horario muy delimitado. Esto incluye la realización de tareas específicas, como manejar el correo electrónico de la empresa, organizar las facturas o encargarse de los inevitables mandados que siempre aparecen a último momento.

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La clave es que esta persona inicie por responsabilizarse sólo de unas cuantas tareas y ser flexible con su horario. Conforme la salud financiera de tu compañía avance, puedes comenzar a pensar en darle más horas a ese colaborador de tiempo parcial o en formar un equipo más grande.

Si eres un workaholic que tiene pretextos no financieros para justificar sus horarios extremos, también debes dar un paso a la vez. Tienes que entender que para que tu negocio crezca más allá de lo que puedes manejar, debes ser capaz de delegar muchas de las tareas de las que te encargas personalmente. Empieza por superar tus temores y traer gente nueva que comparta tu carga para distribuir y asignar actividades. 

A medida de que los nuevos miembros del equipo te quiten peso laboral, debes trabajar menos. No tienes que hacerlo todo de golpe. Desarrollar el hábito de tomarte unas cuantas horas libres te ayudará a tener confianza en tus compañeros de trabajo y finalmente te facilitará la liberación de espacio y tiempo para dedicarte a ti mismo.