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Aú26n cuando el término disciplina se ha satanizado y muchas veces es entendido de manera negativa, en realidad es una de las cualidades esenciales para alcanzar el éxito, pues implica la coordinación de diferentes actividades o actitudes dirigidas a la consecución de un objetivo, de manera ordenada y garantizada.

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¿Por qué muchas veces pensamos que la disciplina es negativa? Pues porque en nuestras culturas, la disciplina se impone, se obliga, en lugar de inculcarse y promoverse en nuestros hijos, lo que hacemos es tratar de recrearla cuando no existe como una manera de garantizar que los objetivos perseguidos se cumplan.

En cambio, hay otra manera de ver las cosas; la disciplina es una cualidad, innata a algunos pero aprendida en otros, que nos ayuda a llevar a cabo nuestros objetivos exitosamente, de manera ordenada y programada. Así podemos aprender a adquirir patrones de comportamiento que en muchos casos sirven para que logremos llevar a cabo nuestros objetivos aun si carecemos de motivación para ello. La disciplina así se convierte en una herramienta que utiliza la razón para elegir qué es lo mejor para nosotros en función de nuestras metas.

A veces la disciplina supone actuar en contra de nuestros deseos y cuando nuestra motivación está en otro lugar o simplemente aún no existe, muchas veces se requiere de mucha disciplina para descubrir qué es lo que nos motiva o para llegar a ese estado de motivación que nos empuja a trabajar por el placer de hacerlo.

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Muchas veces el camino más fácil para adquirir esta cualidad es tener una pasión. Si algo nos apasiona y fijamos todos nuestros esfuerzos en perseguir y alcanzar ese objetivo, nos será mucho más fácil ser disciplinados y entender que en el camino tendremos que hacer muchos sacrificios.

Pero como dijimos antes, a veces la disciplina puede sustituir a la motivación que nos da tener una pasión y en ese caso, será mucho más difícil; sin embargo, no es imposible, y como todas las cualidades, puede ser desarrollada y nutrida.

Disciplinarse es extraordinario si encuentras los métodos más placenteros para hacerlo. Está científicamente comprobado que sentirse bien es adictivo y contagioso, así que si proyectas eso en tu vida y descubres los detonadores que disparan esas satisfacciones, nunca querrás regresar a los vicios y de modo inconsciente arrastrarás a quienes te importan a intentarlo.

Para comenzar, lo primero es entender que la disciplina es la madre de los hábitos y que además de rutina requiere de algo más poderoso: la voluntad. Tener el verdadero propósito de cumplir una meta sabiendo que no será fácil pero será cien por ciento recompensado es lo que te mantendrá enfocado.

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Una vez que lo tengas claro, emplea algunas consideraciones básicas:

Hazlo ahora: Esperar a que sientas “el llamado” es la peor excusa que tienes para comenzar a transformarte. Por ejemplo: llegar temprano al trabajo es tu pendiente número uno; entonces mientras estés en el transporte o esperes a tu hijo afuera de la escuela, elabora una lista de lo que te pondrás mañana y luego de lo que usarás pasado; así todas las noches anteriores lo tendrás ubicado y habrá desaparecido al menos una de las 20 razones por las que eres impuntual. Ya que lo tengas dominado, da el siguiente paso.

Prométete y cúmplete: Dicen que quien no tiene palabra no tiene honor y es cierto. Quizá eres la o el más acomedido con tu pareja pero jamás realizas lo que designas para ti. En un ejercicio diario repítete y comprométete con entregas significativas, te ayudará decir en voz alta: “Este día no se acabará hasta que no haya leído 20 páginas de mi libro, lavado todo el patio, abrazado a cada miembro de mi familia”, etc.

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Olvídate de tus dones: A veces cuando te sabes bueno en algo te olvidas del esfuerzo que significa conseguirlo y los resultados siempre son efímeros. Es cierto, todos tenemos habilidades natas a las cuales hay que sacar provecho pero más allá de eso, hay que invertir en su constancia y perfeccionamiento. Para aclararlo piensa en esa película que te encanta, en la que aplaudes la actuación de la protagonista y de quien sabes ganó un Óscar; ahora reflexiona ¿cuántas horas y semanas estuvo ensayando para lograrlo?

Deja de mentirte: Los pendientes eternos carecen de todo fundamento. Sabes que tu suegra ha cruzado la línea con sus groserías y sin embargo, cada vez que te juras ahora sí ponerle un alto, no lo haces porque estaban sus nietos, llevabas prisa, estaba enferma. Sólo por un instante atrévete a ser honesto y en tu mente di la verdad: “No la confronto porque he sido cobarde y no me creo merecedor de cariño”. Sí, dolerá, más será un primer gran paso para vencer la desidia.