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Cuando te casaste, estabas segura de que era la persona indicada y que querías pasar toda tu vida a su lado; sin embargo, las cosas no siempre resultan como las esperas y aunque las separaciones pueden dejarte llena de inseguridades, es posible rehacer tu idea del matrimonio y tener éxito.

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Si conociste a alguien y las cosas están marchando bien, es necesario que te tomes el tiempo de entender su personalidad y reconozcas si es afín a tus intereses y, en caso de tenerlos, los de tus hijos, ya que después de un fracaso, es poco probable que quieras encaminarte a otro. Por eso, antes de que des el “sí”, te sugerimos considerar lo siguiente:

Confronta tus sentimientos

Si te has dado a la tarea de limpiar tu alma y ya puedes controlar tus prejuicios sobre las relaciones, vas por buen camino, pero en caso de que te atormenten las heridas del pasado, lo mejor será empezar con tu trabajo emocional bajo la guía de un terapeuta, antes de aceptar un compromiso que quizá no estés en posición de cumplir.

Reconoce patrones

Escribe una lista con las cosas de su carácter que te hacen sentir bien y otra con las que no. Las negativas, ¿te son familiares?. En caso de que sí, deberás hacer un análisis profundo y preguntarte con toda honestidad si estás dispuesto a engancharte de nuevo con errores humanos que sabes que no te funcionan y por los cuales tal vez terminaste tu última relación. También puedes hablar con la persona y saber si alguno de los puntos en tu lista son negociables y si te interesa esperar a que se vayan resolviendo.

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Analiza los motivos

¿Qué te mueve a querer casarte de nuevo? Puede ser compañía, afecto, comunicación, amor, intimidad o también por que necesites llenar vacíos, solvencia económica o cierto estatus social. Las razones que te hagan considerarlo serán las claves para decidirte.

Valórate

Es muy importante que tengas un sano auto concepto y que te sientas segura al expresar tus sentimientos, respetándote y teniendo en claro que sí y que no te mereces, tienes más posibilidades de platicar con él y formar una relación sólida basada en la honestidad y la empatía.

Pregúntate

“¿Cómo anda mi vida?”. No se trata sólo de la parte emocional, sino de examinar tu estabilidad económica, si tienes algún plan de ahorro, si tu trabajo está tranquilo y los ingresos pueden mejorar, qué recursos tienes para costear una fiesta, rentar o comprar una casa, cubrir las colegiaturas, etc. Si has cubierto todos los puntos, aun así te sugerimos tener una conversación previa en la que cada uno exponga sus intereses de convivencia y vean si coinciden.