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No podemos negar que la ira o enojo es algo que nos cuesta trabajo controlar. Muchas personas sienten una especie de alivio cuando logran expresar de esta manera lo que traen dentro.

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El problema es que este comportamiento es nocivo para el que lo recibe, pero también para quien lo emite. Es cuando necesitamos hacer un viaje hacia nuestro interior para entender estas emociones y aprender a controlarlas. Aquí algunos consejos:

¿Por qué se producen los enfados?

Responden a un estrés y tensión no controlados. Pero se pueden controlar. Son tendencias de respuesta aprendidas. Interpretamos la realidad según nuestra experiencia y los hábitos de respuesta y manifestamos en función de esas interpretaciones. Cuando los episodios de enfado o agresividad se repiten frecuentemente, es que no hemos aprendido a responder adecuadamente ante situaciones estresantes, en las que puede haber desacuerdo, frustración, decepción o rabia.

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¿Por dónde empiezo para aprender a controlarme?

Es importante aprender a conocer e identificar los acontecimientos, situaciones, personas, etc., que “disparan” el enfado o ira. Estas son respuestas emocionales subjetivas, reacciones en las que, a menudo, media poco la razón y mucho la emoción. Piensa: ¿qué sientes?, ¿qué crees que te hace sentir así?

¿Qué técnicas físicas puedo emplear para ayudar a la mente?

– Párate. Antes de contestar con enfado o ira, es mejor detenerse y serenarse.

– Respira. Haz respiración abdominal profunda. Inspira lentamente, llevando el aire a la parte baja de los pulmones, contando despacio hasta cuatro. Exhala contando hasta ocho. Varias veces. Siete u ocho puede estar bien, pero si necesitas más, repítelo. Nos ayuda a calmarnos y controlarnos.

– Cuida tu tono de voz, ritmo, gestos y lenguaje corporal. Normalmente transmitimos mucho más con los gestos y el lenguaje corporal que con el verbal.

¿Qué hago si no consigo controlar mi enfado?

Si no logras controlarte, es mejor salir de la situación, ir a otro sitio para calmarte y tomarte un tiempo. Una vez en calma, puedes volver a la situación, o reiniciar la conversación.

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¿Qué actitudes me ayudarán a relativizar mi enfado?

– Escuchar al otro, sus puntos de vista, sin interrumpir, y responde despacio, sin levantar la voz.

– Busca explicaciones alternativas a los pensamientos negativos. Seguramente hay otras posibilidades en las que no has pensado.

– Sé flexible. Cambia las exigencias, los “debería”, por “podría”, “tal vez”, “me gustaría”, “estaría bien”.

– Evita la tendencia a juzgar a los demás y trata de ponerte en el lugar de los otros. Quizá no conozcas sus razones y aún así, tienen derecho a tener opiniones diferentes o a actuar de manera distinta a como tú esperas.

– Es saludable perdonar. Ten cuidado con la agresividad indirecta y el sabotaje encubierto. Ignorar a los otros o la venganza no son buenos para tu salud, ni para la de los que sufren tu ira.