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Bautizar científicamente a una especie recién descubierta puede dar más quebraderos de cabeza que pensar cómo se llamará un bebé. Se necesita mayor consenso, pero sobre todo, más imaginación.

species plantarum

Después de confirmar que el animal o planta (o sus restos fósiles) corresponde efectivamente a una nueva especie, la asignación de un nombre se convierte en una de las tareas más delicadas. Debe constar de dos palabras: la primera menciona el género al que pertenece –suele ser un nombre clásico adoptado por romanos y griegos, como Fagus, el nombre romano de la haya– y la segunda refleja las características concretas de la especie. La primera se escribe con mayúscula inicial y ambas van siempre en cursiva.

Muchos de los nombres que constituyen la segunda palabra tienen un origen clásico; otros describen colores (rubra, eburnea, vitellina, citrina, albida, viridis), formas (ovalis, subulatus, inaequalis) o tamaños (gigantea, minor); otros son geográficos (orientalis, occidentalis, atlanticus, meridionalis, canariensis, australis), algunos hacen referencia al hábitat (nemorale, pinicola, fimicola), e incluso a la fenología de la especie (verna, autumnale, aestivalis).

Lo cierto es que desde que en 1753 el botánico Carlos Linneo estableciera el sistema binomial de nomenclatura en su libro Species Plantarum –considerado un punto de partida para nombrar a las plantas, de las que se recopilaron unos 6,000 nombres–, la denominación científica de especies ha servido para mucho más que para describir a una especie. Homenajes, reconocimientos, mensajes ocultos y venganzas se esconden detrás de las dos palabras en latín que identifican a un organismo. A continuación, algunos de los nombres de especies animales más curiosos:

1.- Heteropoda davidbowie: Esta araña con grandes dotes de cazadora y brillantes pelos amarillos que vive en Malasia, Singapur e Indonesia occidental, difícilmente hubiera logrado mantenerse en la cima de la popularidad con otro nombre. El artrópodo fue nombrado así en el 2008 por el aracnólogo alemán Peter Jäger, en honor a su ídolo, recientemente fallecido, David Bowie.

arana david bowie

2.- Bufo bufo: Hay quienes dicen que el sapo europeo fue llamado Bufo bufo por el Conde de Buffon, al que Carlos Linneo no profesaba especial cariño, aunque esta hipótesis está cuestionada: lo más probable es que el naturalista sueco simplemente utilizara la palabra latina para sapo: bufo.

sapo bufo

3.- Spongiforma squarepantsii: Este hongo de unos 10 centímetros de ancho y 7 de alto de las selvas tropicales del Parque Nacional de Bukit Lambir (Malasia) tiene como principal característica que, una vez estrujado para escurrir agua,  vuelve a su tamaño y forma originales, como hacen las esponjas de verdad. Su nombre se adoptó por Bob Esponja (llamado en inglés SpongeBob SquarePants), debido a su aspecto y por liberar un olor afrutado, que recuerda a la casa en forma de piña del famoso dibujo animado. Aunque en un primer momento tal denominación fue rechazada por considerarla “demasiado frívola”, los autores insistieron para llamar la atención sobre la biodiversidad de las selvas con este original nombre.

sponge

4.- Mycena luxaeterna y Mycena luxperpetua: Estas dos pequeñas especies de setas, procedentes de selvas sudamericanas, fueron nombradas así en 2010 por el biólogo Dennis Desjardin, científico de la Universidad de San Francisco (EE.UU.). Ambos nombres no solo hacen referencia a su característica de bioluminiscencia, sino que también están inspirados en sendos movimientos del Réquiem de Mozart.

5.- Xenokeryx amidalae. Recientemente, un equipo liderado por el Museo Nacional de Ciencias Naturales de España denominó así a un nuevo rumiante extinto, mezcla de ciervo y jirafa, que vivió en Cuenca hace 16 millones de años. Su parecido con el peinado de la reina Amidala en la saga Star Wars hace que este ungulado, que pertenecía a un grupo que compartía un ancestro común con las jirafas, cobre mayor protagonismo.

amidalae

6.- Baretia bonnafidia: Este pequeño árbol fue descubierto por el naturalista francés Philibert Commerson (1727-1773), que viajó en la expedición francesa comandada por el explorador Louis Antoine de Bougainville que dio la vuelta al mundo de 1766 a 1769. El nombre de la planta, que presenta caracteres sexuales dudosos, estaba dedicado a Jeanne Baret (1740-1807), una pionera de la botánica que tuvo que disfrazarse de hombre debido a las normas navales de la época.  El nombre de la planta que intentó dedicarle Commerson a Baret nunca llegó a confirmarse, ya que investigaciones posteriores demostraron que la especie pertenecía en realidad a otro género.

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7.- Solanum baretiae: Hubo que esperar hasta 2012 para que una nueva especie rindiera homenaje a esta intrépida mujer. A la vuelta de un viaje de recolección de nuevas plantas en Perú, el científico Eric J. Tepe, de la Universidad de Cincinnati (EE.UU.), en busca de nombres y cautivado por la fuerza, persistencia y pasión de la botánica francesa, le dedicó Solanum baretiae, una planta originaria de una zona entre el sur de Ecuador y norte de Perú, de la misma familia que el tomate, el tabaco y la patata, con hojas muy cambiantes que le recordaron a la mujer que se vestía de hombre.

(Fuente: SINC)